Desde la chistera

• El trabajo de artistas y fotógrafos vivos estimularía la mirada de los cerca de 14 millones de niños que recibirán Libros de Texto Gratuitos.

Los Libros de Texto Gratuitos (LTG) merecen el trabajo de artistas y fotógrafos vivos como Gabriel Pacheco, Amanda Mijangos, Alejandro Magallanes, Bernardo Fernández Bef, Juan Gedovius, Graciela Iturbide, Flor Garduño y Francisco Mata Rosas, por mencionar al azar a algunos de los que han enriquecido el panorama visual de México.

Desconozco si a ellos les interesaría participar en un proyecto así, pero no tengo la menor duda de que su trabajo estimularía, de manera inexorable, la mirada de los cerca de 14 millones de niños de primaria que recibirán sus libros en el próximo ciclo escolar.

Imagine que su hijo tropezara con alguna ilustración inédita de Gabriel Pacheco, cercana a la versión que hizo para Moby Dick (Herman Melville), El libro de la selva (Rudyard Kipling), Barba Azul y El gato con botas (ambos de Charles Perrault), publicadas por Sexto Piso, Edelvives y el Fondo de Cultura Económica (FCE).

O que descubriera la gráfica alucinante de Mijangos, próxima al trabajo que realizó en los diccionarios de mitos griegos, de América y Asia, compilados y reescritos por María García Esperón y publicados por Ediciones El Naranjo. Y así podríamos seguir: ubicar instantáneas de Iturbide en Formación Cívica y Ética; viñetas de Magallanes, Gedovius y Bef en Matemáticas y Español, o fotografías de Mata Rosas en el Atlas de Geografía del Mundo. Caray, cualquier idea distinta a la que ya está en el guion de los LTG.

En su lugar, los funcionarios de la Secretaría de Educación Pública (SEP) lanzaron una convocatoria histórica para que artistas, artesanos, diseñadores, escultores, fotógrafos, grafiteros, pintores, dibujantes y escenógrafos presenten material inédito a cambio de una constancia y un ejemplar del libro en el que aparezcan sus obras.

El resto de la historia es conocido. Los creadores criticaron la medida y respondieron al llamado con antiilustraciones, algunas desparpajadas e hilarantes, mientras el responsable de la convocatoria, Marx Arriaga —exdirector de bibliotecas en la Secretaría de Cultura federal que legó el fallido manifiesto a los bibliotecarios del siglo XXI— respondió desde su púlpito que no se pagará para evitar “malas interpretaciones” ante el próximo periodo electoral o que “no se está precarizando algo que prácticamente no existía” y que quienes colaboren sin pago “deben sentirse emocionados”.

El camarada Marx necesita saber que, desde el inicio, los Libros de Texto Gratuitos comisionaron las ilustraciones a artistas como Juan Madrid, Mariana Yampolsky, René Hautreaux, el Taller de Rosendo Soto, Elvia Gómez Hoyuela y Manuel Montes de Oca, entre muchos más; y que muchas de sus portadas son obra de David Alfaro Siqueiros, Jorge González Camarena, Chávez Morado, entre otros. ¿Lo sabe?

Así que sus palabras sólo confirman la urgencia de que esta camada de funcionarios visite, de vez en cuando, la biblioteca pública para leer algún libro. Quizá entonces comprendan la importancia de retribuir el trabajo creativo y no apuesten por corregir el desastre con ideas sacadas de una chistera imaginaria que guarda madejas de estambre para descubrir el hilo negro de las cosas.

Lo que sería hermoso es que el camarada Marx renunciara a su sueldo y, en ese tour de abnegación y sacrificio, descubriera que el camino a la precarización también está lleno de buenas intenciones, pues una convocatoria como ésta no sólo oficializa el impago, sino que también garantiza un trabajo improvisado que, al final, sólo golpeará la imaginación de varias generaciones.

¿Y si en las arcas no hay dinero? Sería mejor postergar la convocatoria o buscar la forma de utilizar la colección Pago en Especie de la SHCP, donde hay casi mil obras de 745 artistas como Vicente Rojo, los hermanos Castro Leñero, Manuel Felguérez y Roger von Gunten, entre muchos más.

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