CND, sin brillo
De 2010 a la fecha, esta compañía ha tenido 54 presentaciones internacionales
La Compañía Nacional de Danza (CND) ha perdido brillo, presencia, y se ha transformado en una agrupación centralizada y dócil que sólo aspira a vivir de su nombre. Basta con ver el número de presentaciones que ha tenido dentro y fuera de nuestras fronteras para imaginar el nivel artístico que puede presumir esta agrupación que, aunque muchos lo desconozcan, es pagada con nuestros impuestos.
Los datos nos dicen que, de 2010 a la fecha, la CND ha tenido 54 presentaciones internacionales en siete países (Estados Unidos, Paraguay, Chile, Argentina, Colombia, El Salvador y Cuba). Pareciera una buena cifra, aunque debo aclarar que, de 2019 a la fecha, la agrupación, codirigida por Elisa Carrillo y
Cuauhtémoc Nájera, sólo consiguió 12 funciones fuera de México.
Dos fueron en el XXIV Festival Internacional Anual de Ballet de Miami, en 2019; cinco, en 2022, en los teatros Nacional, Sauto, Avellaneda y la Sala Covarrubias, en Cuba, y cinco más, en 2023, en Miami y San Francisco. Cabe precisar que la pandemia impidió a la agrupación realizar viajes en 2020 y 2021, aunque en 2024 tampoco se avizora alguno.
Se podría pensar que la reducción de viajes internacionales derivó en increíbles y numerosas itinerancias a lo largo y ancho del país, pero los datos —obtenidos con ayuda de la Plataforma Nacional de Transparencia— revelan un panorama de ausencia y limitación, dado que, en los últimos 14 años, la Compañía Nacional de Danza no ha tenido presencia en siete estados: Aguascalientes, Colima, Jalisco, Nayarit, Oaxaca, Querétaro y Tlaxcala. Es más, desde 2012, la agrupación no ha pisado escenarios en Chiapas ni en Tabasco, y lo mismo en Tamaulipas, desde 2015 ni en Sonora desde 2016. En total, de 2010 a 2024, la CND sólo tuvo 157 funciones en el interior del país.
Otro dato relevante es que, en el actual sexenio, sólo visitó la mitad del país y dejó fuera, además de las entidades antes referidas, a Baja California, Coahuila, Guerrero, Hidalgo y Nuevo León. Alguien me dirá que la compañía sí estuvo en Tlaxcala, como parte de la descentralización impulsada por Alejandra Frausto, aún titular de Cultura federal, pero lamento decepcionarlos, ya que sólo hubo dos clases magistrales y un taller de ballet, en 2022; y, bueno, tampoco podrían contarse las “funciones virtuales” difundidas en pandemia.
A este paisaje podría sumarse otro dato poco alentador: al parecer, el presupuesto de 2024 para esta agrupación volvería a los niveles de 2010, uno de los más reducidos en los últimos 14 años, con 10.9 mdp, sin contar el año 2020, cuando tuvo 4.6 mdp, a causa de la emergencia sanitaria.
Éste es el verdadero rostro de una compañía que no alcanzó la proyección que debería tener. Nadie duda de las buenas intenciones de Cuauhtémoc Nájera ni del talento artístico de Elisa Carrillo (Premio Benois de la Danse, 2019), quien trabajó con una cláusula que le permitió combinar su calendario laboral con sus tareas en el Ballet de la Ópera de Berlín, sin dejar de lado el impulso a su Festival Danzatlán.
Entonces, ¿qué sentido tuvo pagar un doble sueldo de codirección, cuando los resultados son tan cuestionables? Ninguno. Y ésa es la CND que heredará la sucesora de Lucina Jiménez, en el INBAL, quien nunca metió las manos para mejorar ni fortalecer a esta desdibujada agrupación.
Desde hace varios días ha circulado la versión de que Claudia Curiel de Icaza estaría considerando la posibilidad de integrar a Elisa Carrillo —que ofreció una clase multitudinaria de danza en el Zócalo— al INBAL. No me hagan caso, pero si así fuera, Curiel tendría que revisar meticulosamente el trabajo de la prima ballerina, pero no como la estrella imborrable del firmamento dancístico que es, sino como la funcionaria que no logró ser.
