Casa de madera

El INAH la declarará zona de monumentos arqueológicos, a 17 años de que la asociación civil Niebla y Tiempo exigiera la designación

El sitio arqueológico de Huapalcalco, “Lugar de la casa de madera”, en Hidalgo, hará historia en unos meses, cuando el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) deba declararlo zona de monumentos arqueológicos, a 17 años de que la asociación civil Niebla y Tiempo exigiera la designación para recuperar y proteger dicho espacio olvidado por el instituto, donde se han registrado numerosas pinturas rupestres y vestigios prehispánicos sobre el posible origen del Estado tolteca.

La noticia fue anunciada ayer por el despacho Artículo 27, integrado por Carlos Lara G. y José Manuel Hermosillo, el cual nos adelanta que ya hay una sentencia que ordena al gobierno federal cumplir con la declaratoria.

Dicho proceso, iniciado por la sociedad civil, ha tomado velocidad en los últimos días, aunque el INAH solicitó una prórroga de 30 días para mejorar el proyecto, llevarlo a la Secretaría de

Cultura federal y, en su momento, publicarlo en el Diario Oficial de la Federación.

El hecho es histórico, ya que, habitualmente, son el INAH y sus expertos quienes proponen las declaratorias, así que el caso será un precedente para que, en el futuro, la sociedad civil de cualquier parte del país pueda solicitar la protección de su patrimonio. Porque, como bien expresan Lara y Hermosillo, el gobierno tiene demasiado legado cultural por administrar y no le alcanzan los recursos ni los brazos para hacerlo; así que debe echar mano de la ciudadanía interesada, tal como lo establece la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, que ayer cumplió 50 años, ante la omisión y desmemoria del propio Instituto.

EN LAS SOMBRAS

Ya pasaron tres meses desde que Claudia Curiel de Icaza fue nombrada secretaria de Cultura de la Ciudad de México —en sustitución de Vanessa Bohórquez, quien tuvo un efímero paso de 13 meses y una salida precipitada— y aún no conocemos su plan de trabajo, el presupuesto con el que trabajará en 2022 ni las prioridades de su gestión.

Preocupa el destino que tendrá el Gran Remate de Libros —que, al parecer, salió del Auditorio Nacional sólo para morir de inanición en la explanada del Monumento a la Revolución—; los indescifrables cambios en los Pilares; la falta de claridad en pendientes tan relevantes como la fecha y el lugar específico donde será reubicada la escultura de Cristóbal Colón, o el programa para colocar la réplica de la Señora de Amajac en Paseo de la Reforma. También nos queda a deber qué fue de la estatua de Ignacio Ramírez

El Nigromante, derribada por un conductor alcoholizado en diciembre pasado, y la apresurada reapertura del Teatro del Pueblo.

Luego de ser nombrada por la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, Curiel evadió las entrevistas y se refugió en el terreno de la veda, ya que su llegada casi coincidió con el proceso de revocación de mandato. Sin embargo, desde el 11 de abril, una vez pasada la consulta, se ha rehusado a los encuentros con la prensa. ¿Bajo qué argumento? Según su equipo de comunicación: “la secretaria aún no está atendiendo medios”. ¿Por qué? Nadie tiene idea. Quizá Curiel se imagine cruzando el umbral de sus primeros 100 días de trabajo sin rendir cuentas ni asumir compromisos o enfrentar cuestionamientos. Alguien debería explicarle que no puede permanecer en las sombras ni guarecerse detrás de su escritorio durante el resto del año. No es una simple administradora que cuida la caja chica de una farmacia. Además, sus antecesores —José Alfonso Suárez del Real y

Bohórquez— siempre estuvieron atentos y dispuestos a resolver los temas de la agenda cultural, que son de interés público, porque responder a las preguntas es parte de su trabajo y un ejercicio de mínima transparencia que no puede omitirse. ¿Hasta cuándo?

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