Casa cerrada al tiempo

El inmueble que fuera hogar de Leonora Carrington ya no será un espacio vivo, sino un sitio para la investigación de su obra

La casa que habitó Leonora Carrington (1917-2011) ya no será un espacio vivo que muestre la vida cotidiana de esta fascinante creadora de atmósferas, como se prometió en 2018, sino un espacio para investigadores que revisen su obra, lo cual pareciera insuficiente respecto a la idea original con la que fue adquirido este inmueble, ubicado en Chihuahua 194, colonia Roma.

En 2017, la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) compró la casa-estudio, la cual recibió trabajos de remodelación, museografía y catalogación durante los siguientes cuatro años.  En total, la UAM destinó 12 mdp, de los cuales cerca de 9.8 mdp fueron para adquirir la propiedad que la pintora surrealista habitó entre 1948 y 2011, una casa de tres pisos (planta baja y dos niveles), con una extensión de 400 metros cuadrados.

Dicho inmueble cobija un acervo de 84 esculturas, cuatro litografías y cerca de 8 mil 600 objetos cotidianos, así como libros, cartas, instrumentos de trabajo, algunas pinturas, bocetos y fotografías de la artista y de su esposo (el fotógrafo Emérico Chiki  Weisz), entregados en comodato por Pablo Weisz Carrington, hijo de ambos artistas.

Tras la adquisición, la UAM dijo que la casa no había sufrido daños por los sismos de 2017 y estimó que la abriría un año después, por lo que el público podría acceder al estudio, al comedor y a la cocina de la creadora de piezas como The Palmist, Cómo hace el pequeño cocodrilo, El mundo mágico de los mayas y Are you really Syrious?, entre muchas más. Sin embargo, la apertura no se logró.

Un año después, la institución académica enfrentó la huelga más larga de su historia y, para 2020, la pandemia postergó una vez más la apertura, aunque se propuso la creación de un centro de estudios sobre el surrealismo y un espacio de documentación digital con los libros, cartas y fotografías de la artista para su libre consulta, así como una sala de exposiciones temporales. Pero eso tampoco se concretó. Llegó 2021 y se lanzó el sitio web de la casa-estudio, con un recorrido 360°, y se insistió en que, cuando terminara la pandemia, el espacio sería

inaugurado, pero entonces llegó el cambio de autoridades y la idea fue modificada.

Hace unos días hablé con David Sánchez Kidwell, de la Coordinación de Difusión de la UAM, quien aclaró que el inmueble permanece cerrado al público debido a “cuestiones administrativas y logísticas”, así como a su fragilidad “dado el paso del tiempo y las afectaciones por sismos”.

Reveló que Protección Civil les ha indicado que el edificio no puede recibir a más de 20 personas simultáneamente

—incluyendo personal de vigilancia y de servicio— y admitió que aún no concluyen con la clasificación y el archivado de los 8 mil 600 objetos (entre ellos 4 mil libros) que le darán forma al Centro de Documentación Digital.

También reconoció que el acceso será limitado. “Las visitas esporádicas al espacio han sido para recibir académicxs, investigadorxs, artistas trabajando temas relacionados con la vida y obra de Carrington”. Así que el inmueble, que nació con la vocación de casa-estudio, ahora será una casona para investigadores ligados a Carrington y a temas como el exilio, el surrealismo, el feminismo, las vanguardias y la fotografía. “En este sentido”, aseveró David Sánchez, “se busca que la casa tenga un giro académico y de investigación, más que museístico; esto en parte también por las limitaciones del mismo lugar”.

Nadie niega la invaluable rehabilitación de la Casa Estudio Leonora Carrington. Sin embargo, es lamentable el cambio de proyecto para este espacio que, bien administrado, permitiría la visita guiada a grupos reducidos, para que los seguidores de La novia del viento —como la llamó Max  Ernst— pudieran apreciar de cerca el universo íntimo que ella habitó. Todos queremos conocerlo.

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