Canta... y no llores

Las orquestas de Bellas Artes sufren por las deficiencias en su sede de ensayos y la Bodega Nacional de Arte registra filtraciones de agua.

Mientras México canta, las orquestas de Bellas Artes lloran, el Centro SCOP se hunde en el abandono y la Bodega Nacional de Arte, que ni siquiera ha sido inaugurada, ya registra filtraciones de agua que, por supuesto, requerirán de un presupuesto adicional, sin que, hasta el momento, se informe si habrá alguna sanción para las empresas que han trabajado en esta obra.

En tanto, Alejandra de la Paz, directora del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), aceptó que, “efectivamente, hay carencias que tenemos que atender”, focalizó el hecho y aseguró que los problemas se concentran en el Teatro Regina, que es donde las agrupaciones realizan sus ensayos.

También afirmó que la institución ya sostiene un diálogo cercano con los músicos que desde el viernes 3 de octubre han protestado en el Palacio de Bellas Artes; prometió que en poquísimos días estará listo un diagnóstico de la sede —como aquellos que tanto pregonó Lucina

Jiménez, extitular del INBAL, que hizo una supuesta reingeniería del instituto y que fue premiada con una oficina en el Complejo Cultural Los Pinos, donde ahora se dedica a estructurar diplomados de alto calibre— e, incluso, auguró que todas las necesidades de los grupos artísticos serán atendidas antes de julio de 2026.

Después de esas declaraciones que dio la funcionaria, pareciera que todo está bajo control. Sin embargo, los grupos artísticos del INBAL —Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), Orquesta de Cámara de Bellas Artes (OCBA), Coro de Madrigalistas y Solistas Ensamble— volvieron a manifestarse la noche de ayer, en el mismo foro, ante la falta de acuerdos, y lo harán de nuevo mañana, a las 12:00 y a las 17:00 horas, en el foro principal del palacio de mármol.  ¿Significaría que, en este relato, alguien miente?

Quizá De la Paz tiene la mejor intención de atender las carencias que han expresado los atrilistas y quien encabeza las reuniones (Víctor Mejía, subdirector general de Administración del INBAL) no le ha explicado la dimensión del problema. O, en un sentido inverso, la funcionaria sólo ha intentado atajar la presión mediática y postergar la solución, porque carece del presupuesto que le permitiría resolver algo.

Mientras tanto, los músicos advierten que volverán a protestar mañana para exigir que De la Paz les dé la cara y solución inmediata a sus peticiones, que parecen impostergables. Y como muchos lectores han escrito con bastante tino: “Si así están las agrupaciones del INBAL, que tienen un amplio presupuesto, ¿en qué condiciones estarán las agrupaciones del interior del país?”.

Pero en este relato de olvido hay un personaje que hoy ya no se menciona mucho y que podría estar al centro:

Lucina Jiménez, la extitular del instituto, quien, supuestamente, redimensionó la política cultural de México, porque uno pensaría que, en una gestión tan exitosa, los grupos artísticos habrían logrado las mejores condiciones. Pero no fue así.

Lo mismo ocurre con el Centro SCOP, que recién ha perdido las lonas y gran parte del tapiado que, presuntamente, protegía los murales que aún permanecen en pie, en lo que se anunciaba el proyecto final para su recuperación.

¿Cuándo será rehabilitado el SCOP y transformado en el supuesto Parque del Muralismo Mexicano, o es que ahora todo ese espacio se convertirá en una Utopía? Al parecer, ni siquiera las autoridades lo tienen claro y es muy probable que haya dejado de ser una de las prioridades del presupuesto y de quienes lo ejercen y regatean. ¿Será entonces que debemos resignarnos a repetir aquella línea del Cielito lindo, del compositor Quirino

Mendoza, que reza de forma muy pertinente: “Ay, ay, ay, ay, canta y no llores…”. ¿Hasta cuándo el sector deberá permanecer en este laberinto infinito de promesas y contradicciones?

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