Bajo sospecha
No parece apegada a sus lineamientos la forma como la Compañía Nacional de Danza promovió a cinco de sus bailarines en un año sin actividad
Lucina Jiménez, directora del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), sí tuvo conocimiento de la manera como la Compañía Nacional de Danza (CND) seleccionó a los cinco talentos que ingresarán a sus filas a partir de este mes, sin existir una audición nacional (virtual o en video) de por medio. También estuvo enterada del esquema utilizado para promover a cinco bailarines a una nueva categoría, pero ella insiste en que no se violentó lineamiento alguno.
La historia —cuenta Jiménez en un escrito— inició en 2020, cuando se dieron de baja cinco integrantes de la CND, integrada por 72 elementos, “dos por evaluación, dos por cumplir 20 años de servicio y uno más para bailar en Alemania. Esta salida dejó disponibles cinco espacios en la plantilla de la CND y la posibilidad de realizar la promoción interna”.
Explica que “los lineamientos operativos de la CND consideran la posibilidad de realizar audiciones extemporáneas, especiales, durante giras o de forma electrónica bajo diferentes circunstancias y, en cuyo caso, la organización es responsabilidad de la dirección artística, asistida por el cuerpo de maestros, de acuerdo con las condiciones”.
Y, “dada la situación de la epidemia y la imposibilidad de hacer audiciones presenciales en las instalaciones de la CND, la dirección artística y maestros (Elisa Carrillo, Cuauhtémoc Nájera, Jaqueline López, Tihui Gutiérrez, Natasha Lagunas, Reyna Pérez, Diana Angelini y Raúl Fernández) decidieron, en acuerdo con la Subdirección General de Bellas Artes, no hacer una convocatoria pública, sino dar oportunidad a quienes ya habían hecho llegar sus materiales a la CND a lo largo del año, procedentes de todo el país. En ese sentido, se revisaron los materiales de 47 personas (videos, fotografías y currículum), además de materiales de estudiantes avanzados de las escuelas profesionales del Instituto”. Así que hicieron la audición y evaluación entre noviembre de 2020 y enero de 2021.
Hasta aquí las palabras de la funcionaria, amparada en el capítulo III, inciso 2 de los lineamientos de operación de la CND.
Sin embargo, mantengo las mismas dudas. No parece justa, profesional ni apegada a sus lineamientos la forma como promovieron a cinco de sus bailarines a corifeos, solistas y solista principal en un año en que la CND careció de actividad, lo cual deslegitimaría la urgencia de un proceso extraordinario para seleccionar a cinco talentos de nuevo ingreso.
¿Por qué al INBAL y la CND —que ejercen recursos públicos— tuvieron la urgencia de nombrar y llamar a audicionar a bailarines en un formato extraordinario y cerrado para cubrir plazas vacantes en un año de pandemia? ¿Con base en qué resultados promovieron a otros sin haber estado en escena? ¿No era factible esperar a que reanudaran funciones? ¿No fue una búsqueda precipitada? ¿Fue justa y equitativa la selección de nuevos integrantes con base en 47 propuestas? ¿Dónde quedaron los derechos culturales de quienes fueron excluidos? ¿Quién garantiza que se trató de un proceso serio y sin favoritismos?
Sería interesante conocer las actas del jurado (si las hubo) para tener la radiografía completa de un proceso tan extraordinario como inequitativo. No importa que el INBAL y la CND se atajen bajo el paraguas de la pandemia, porque sus decisiones no parecen responder a la calidad. Uno imaginaría que la acción burocrática no cabría en una compañía que se rige por el desempeño escénico, pues la CND, suponemos, no es una oficina gubernamental con derecho a escalafón ni una unidad administrativa que toma como mérito la simpatía.
Para cerrar, le recordamos a Lucina Jiménez y a Alejandra Frausto, titular de Cultura, que aún se espera el ansiado ‘memorando de entendimiento’ que, supuestamente, garantizará la reedificación del Teatro Julio Jiménez Rueda.
