Aires de cambio
Aún no se conoce el nombre del relevo que ocupará el cargo de Carlos Miguel Prieto al frente de la Orquesta Sinfónica Nacional
A dos meses de la salida oficial de Carlos Miguel Prieto como director artístico de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), aún esperamos al relevo que encabezará la nueva etapa de la agrupación, la cual tendría que ser ubicada como la mejor del país, no sólo por ocupar la máxima sala de conciertos de México, como es la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes, sino porque es financiada con impuestos de los mexicanos.
Lucina Jiménez, titular del INBAL, me comentó hace unos días que el proceso ha avanzado favorablemente. Por ejemplo, los integrantes de la OSN ya hicieron sus valoraciones, entregaron sus propuestas y, en este momento, el instituto espera recibir y analizar los proyectos de cada una de las candidaturas. Reveló que se ha creado una comisión artística dentro de la OSN, conformada por dos músicos de cada sección (cuerdas, viento y percusiones), es decir, con al menos seis atrilistas, para revisar las necesidades de cada división y de la agrupación en su conjunto, “desde un punto de vista estrictamente artístico”.
Es comprensible que la decisión tome su tiempo, porque se intenta que ésta sea colegiada y concilie los intereses de quienes integran la orquesta. Sin embargo, uno esperaría que los criterios que prevalecieran en la agrupación fueran la calidad, la amplificación de su repertorio y apostar por la construcción de un sonido brillante e incuestionable. Ojalá que la espera valga la pena y que, cuando la OSN vuelva de vacaciones, deje al margen toda clase de amiguismos y apapachos, soluciones políticas y la consideración de figuras o artistas de marfil que pasan la mayor parte del tiempo en el extranjero.
Porque lo deseable es que todo el mundo se pelee por un boleto para escuchar a la Sinfónica Nacional y no que sus programas pasen desapercibidos. En este punto, los integrantes de la OSN tendrían que preguntarse si aún tienen interés en asumir el papel de la mejor orquesta de México o si ya se resignaron a lucir como una agrupación de oropel y pirita.
ESTAFETA FORZADA
En menos de una semana, integrantes de la comunidad estudiantil y académica del Conservatorio Nacional de Música (CNM) se movilizaron e impulsaron una protesta pacífica que concentró su fuerza en la destitución de Patricio Méndez Garrido como su director. Los frutos del reclamo llegaron ayer, cuando el titular dimitió y el INBAL nombró, como directora interina, a la pianista Silvia Navarrete, quien aguarda la entrega de las instalaciones para reunirse con los académicos.
Esperemos que la designación no sólo calme los sombrerazos, sino que sea el preámbulo de un mejor futuro en la historia de esta academia de música que enfrenta una larga lista de carencias, las cuales deberán tomar en sus manos los estudiantes. La propia Lucina Jiménez reconoció que “al CNM se le abandonó durante muchos años” (Excélsior, 31/ 08/2022) y que su presupuesto anual, de 11.8 millones de pesos, no es suficiente para atender los requerimientos de una academia conformada por poco más de 900 alumnos.
Los pendientes los conocemos: falta afinar los pianos, adquirir nuevos instrumentos, realizar el mantenimiento mayor de sus instalaciones, revisar los planes de estudio, propiciar que los alumnos tengan una mayor incidencia en las agrupaciones de Bellas Artes, como la OSN y la Orquesta del Teatro de Bellas Artes, y llevar a cabo las medidas necesarias para que su biblioteca y su archivo histórico sean de primer nivel.
Por último, las autoridades del INBAL y de la SGEIA tendrían que hacer un ejercicio de autocrítica y evaluar la pertinencia de perfeccionar el proceso de auscultación para nombrar al director en el CNM, de tal suerte que, en el futuro, sea un proceso mucho más participativo y democrático.
