Torre

Ayer tocamos en la Torre Bancomer. Café Tacvba se subió hasta el helipuerto para dar un concierto. Fue corto, apenas siete canciones u ocho. Entre ellas estaba Un par de lugares, nuestra canción más nueva. También estaban varios éxitos de la carrera del grupo: Las ...

Ayer tocamos en la Torre Bancomer. Café Tacvba se subió hasta el helipuerto para dar un concierto. Fue corto, apenas siete canciones u ocho. Entre ellas estaba Un par de lugares, nuestra canción más nueva. También estaban varios éxitos de la carrera del grupo: Las flores, Déjate caer, El baile y el salón, entre otras. Fue más o menos a las 11 de la mañana. Lo organizó EXA radio y se pudo ver por internet. Todavía está por ahí.

Podría decir que estar allá arriba, a 235 metros de altura, fue emocionante, excitante, terrorífico, pero, más que nada, para mí, fue divertido. Nunca me imaginé que fuera a pasarme algo así, tampoco lo busqué. Aunque tal vez sí, pero me da pena decirlo. ¿Quién va gritando por la vida “siempre quise tocar en una azotea”?. Claro, como The Beatles. Tal vez todos los roqueros, en lo más recóndito de nuestro ser, allá escondido para que nadie lo vea, está el sueño de tocar en el techo. Podría ser el techo de la casa de nuestros papás, ahí donde ensayamos. O el de un amigo que tiene una casota increíble y se puede armar una fiesta en la azotea. Estar en las alturas, aunque éstas sean de tres o cuatro metros, ya te pone en un estado de “hacer historia”.

Nunca lo hice con las bandas amateurs con las que empecé a tocar a los 17 años, aunque pude haberlo hecho. Me veo perfectamente ayudando a subir la batería, los amplificadores, los micrófonos. Pidiéndole al amigo que no toca con nosotros, pero siempre está ahí, que nos tome unas fotos en donde se vean los tinacos, los postes de luz, los cables cruzando allá atrás. Subirle lo más posible a los amplis para que llegue lo más lejos posible o al menos a la casa de esa vecina de la otra cuadra que me gusta, que, obviamente, no me pela. Tal vez la música haga el milagro, cambie la suerte del que toca el instrumento.

The Beatles lo hicieron en el techo, arriba de los estudios Abbey Road. Lo grabaron, lo filmaron. Todos lo sabemos. Se veía que hacía frío o, al menos, eso parece por los abrigos de todos y al ver cómo vuela el pelo largo de algunos ellos. Acá en el helipuerto no soplaba el viento, lo cual fue una suerte, pues nos contaron que cuando el viento sopla es capaz de aventarte algunos metros y, si la dirección te lleva hacia el borde, pues, ¿cómo decirlo y que no suene feo? No hay modo: te puedes caer desde allá arriba. Entonces Déjate caer, esa composición de Álvaro Henríquez, de Los Tres, tomaría más sentido que nunca.

Lo que sí hacía era un sol fortísimo, por lo tanto, nos pusimos bloqueador. Hacía un poquitito de frío, pero el sol pegaba tan fuerte que, al poco rato, me quité el saco.

En la mañana el viento se había llevado las nubes y el Popo y La Mujer Dormida, nuestros hermosos volcanes, se veían allá, muy cerca. No les tomé foto porque siempre me decepcionan las fotografías (al menos las mías con el celular que tengo), pues no logran captar la emoción con la que los estoy viendo y disfrutando en vivo.

Estábamos tocando en el centro del helipuerto, lejos del borde. Mi guitarra de alguna manera me “anclaba” al sitio en el que estaba, pero Rubén se movía por todos lados. Incluso al cantar Déjate caer (otra vez esa canción) vi que se fue caminando hacía atrás sin voltear a ver que el abismo estaba a sus espaldas.

Fue divertido estar allá arriba. Sobre todo porque es un cliché rockero. ¿Quién no quiere emular a The Beatles? Antes que músicos, fuimos público, fuimos fans. Hasta que llegué a mi casa, ya que había pisado tierra, me di cuenta. Sobre todo cuando, al caminar cerca de mi casa, me felicitaban por el concierto. La gente no nos vio desde la calle (como a The Beatles), pero lo escuchó en la radio, lo vio en su compu, en su tableta, en su cel. Aunque estábamos a 235 metros de altura, conectamos con el público. Y de eso se trata esta música llena de clichés llamada rock: de conectar.

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