Terrorismo, ¿combatible?

Quizá la mayor de las injusticias sea el disponer de la vida de otra persona. Ninguna excusa es válida, ni el odio ni el encono ni el ánimo de venganza ni motivos religiosos para arrebatarle la vida 
a un ser humano

Pusilánime grado de asesinato es el causado por el terrorismo, intento de dominación por medio del terror, control pretendido a partir de actos violentos, matando sin distinción a cuantas personas —ajenas y desconocidas— sea posible, con el objetivo de infundir miedos, buscando imponer reclamos y proclamas.

El terrorismo, cobarde y alevoso, embiste desde las sombras en momentos y sitios impredecibles. Quién podría imaginar que en plenos Juegos Olímpicos en Múnich, en 1972, un comando palestino secuestraría a miembros del equipo representativo de Israel. En la operación del rescate murieron dos rehenes y, dos días después, durante el operativo para impedir la huida en helicóptero del comando, fallecieron otros 9 rehenes, el piloto, cinco terroristas y un agente. Quién podría imaginar, el 21 de diciembre de 1988, que una bomba explotaría en pleno vuelo de Londres a Nueva York, del Boeing 747 de Panam, sobre la ciudad escocesa de Lockerbie, causando la muerte de 259 pasajeros y 11 personas en tierra. Quién podría imaginar el fatídico 11 de septiembre de 2001, en que 19 terroristas yihadistas de Al Qaeda secuestraron cuatro aviones comerciales, impactando dos de ellos en las Torres Gemelas de Nueva York, derrumbándolas en apenas 11 segundos, ocasionando alrededor de tres mil muertos y seis mil heridos. Quién podría imaginar que el 11 de marzo de 2004, en la concurrida estación ferroviaria de Atocha, en Madrid, diez explosiones simultáneas en cuatro distintos trenes matarían a 192 personas y dejarían heridas alrededor de otras dos mil. Quién podría imaginar los reiterados actos terroristas en Francia: en enero de 2015 fueron asaltadas las oficinas de la satírica revista Charlie Hebdo, al grito de Alá es grande, tiroteando y matando a 12 colaboradores e hiriendo a 11 más. El 13 noviembre 2015 fueron perpetrados en París varios actos simultáneos de terrorismo, en la sala de espectáculos Bataclan, en el restaurante Le Petit Cambodge y en una brasserie, acumulando 137 muertos y 415 heridos. El 14 de julio 2016, día conmemorativo de la Revolución Francesa, un conductor a bordo de un camión alquilado, a 90 kms. por hora, en Niza, en el Paseo de los Ingleses, arremetió, subido en la acera, contra la multitud, matando a 85 paseantes y dejando 300 heridos. Quién podría imaginar, el 22 de marzo 2016, en Bruselas, un coordinado acto terrorista, con una serie de explosiones tanto en el aeropuerto como en el metro, arrojando un saldo de 35 muertos y 34 heridos. Quién podría imaginar, el 17 de agosto 2017, en el las atiborradas Ramblas, en Barcelona, un atropello masivo causado con una camioneta alquilada, reivindicado por el Estado Islámico —Daesh—, matando a, cuando menos, 15 paseantes y dejando 150 heridos.

Tal parece que Hobbes no estaba del todo errado, “el hombre es el lobo del hombre”. Por igual, las personas como las naciones se amenazan y se confrontan. Prevalece la razón del más fuerte. La inversión global en ciencias y humanidades palidece ante los desmedidos proyectos gubernamentales en tecnología militar y armamento. Incluso la latente violencia terrorista, aunada a las crecientes inconformidades sociales, viene forzando a los distintos gobiernos a hacerse de sofisticados equipos antimotines, se arman en defensa propia.

Estados Unidos mantiene desplegados más de 200 mil militares en un centenar de países. Existen tropas distribuidas en Afganistán, Irak y Siria, “para combatir el terrorismo”. La armada estadunidense cuenta con 36 buques situados en estratégicos puntos del planeta. Militares norteamericanos están presentes en la región Asia-Pacífico, en Japón, Corea del Sur, Australia y Singapur. En África, cinco mil soldados ocupan la mayor base continental, Camp Lemonnier. En Europa están desplegados 64 mil soldados en bases castrenses, principalmente en Alemania, Italia, Reino Unido, España, Repúblicas exsoviéticas del Báltico y Turquía. En Centroamérica y Sudamérica cinco mil 500 soldados yankees tienen presencia, así como en áreas del Caribe, “en el combate de la lucha antidrogas”.

Obviamente, otras potencias, en la medida de su realidad, se vienen preparando para “lo que pudiera ofrecerse”. Pareciera que, paralelo al mundo que usted y yo habitamos —o creemos habitar—, existe otro donde la moneda de cuño corriente son las bayonetas.

Unos, terroristas; otros, vigilantes de la paz. El efecto para quien lo resiente es el mismo.

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