Ser el primero

Justo hace 40 años se representó en el Teatro El Granero la obra El Primero, de Israel Horovitz, dirigida por Susana Alexander. 
Un grupo de personas permanecía en fila, sin tener la certeza de para qué, lo importante era llegar a ser el primero. Para conseguirlo cualquier estrategia o alianza se consideraba válida. 

A un año de las elecciones presidenciales, un grupo de aspirantes a ser el primero forma fila. La magnitud del compromiso a contraer, en correlación a la capacidad y experiencia de cada pretendiente desvanece frente a la posibilidad de ser proclamado vencedor. Para tal efecto es admisible cualquier alianza con incompatibles rivales, lo primordial es ser el primero.

Excepto el PRI, donde ningún postulante presidencial se manifiesta abiertamente – “aún no son los tiempos”. ¿No?  —hasta en tanto no sean pronunciadas las ansiadas palabras mayores—, en los otros partidos principales, la fila se acrecenta. En el PAN, a los tres visibles aspirantes  —Margarita Zavala, Ricardo Anaya y Rafael Moreno Valle— se han agregado Ernesto Ruffo, Luis Ernesto Derbez y Juan Carlos Romero Hicks. Por el momento, el debate está centrado en qué debe ser primero, el programa de acción o el candidato. En el PRD se han apuntado Silvano Aureoles y Graco Ramírez, obviamente quien resalta es Miguel Ángel Mancera y con la novedad de que el tercer sitio en las elecciones del Edomex, Juan Zepeda, aún sobre el ladrillo, también quiere ser el primero. En cuanto a Morena, allí ya hay un primero y único, avanzado en su cometido, en tanto sus eventuales rivales ni siquiera se han colocado en el arrancadero.

Cada partido político, supuestamente, representa definidas visiones de la realidad, valores, intereses, proyectos y objetivos. Sin embargo, las matemáticas y el empeño en ser el primero han comprobado que en la práctica, para imponerse en las urnas, la unión hace la fuerza, aunque para tal efecto haya que hacer de lado principios e ideales, es el caso de dos partidos tan compatibles entre sí como el agua y el aceite, el Partido Acción Nacional y el Partido de la Revolución Democrática, que aliados en distintas elecciones a partir de 2010, han conseguido apreciados triunfos compartidos, más no gobernabilidad compartida.

A un año de las elecciones presidenciales, inicia la conformación de las alianzas. Morena ha propuesto el Acuerdo Político de Unidad por la Prosperidad del Pueblo y el Renacimiento de México —nada como un nombre pegajoso— rechazando alianzas con el PAN y el PRD, integrantes de  la mafia del poder, firmantes del Pacto Contra México. El PRD  —partido bisagra— considerando que la dispersión de los partidos de oposición sólo beneficia al régimen gobernante, convocó a construir el Frente Amplio Democrático, con la mira en sacar al PRI del gobierno, anteponiendo el interés de la nación sobre cualquier otro, buscando la ya experimentada  alianza con el PAN —ya dio su visto bueno— con Morena —no entienden que no entienden que López Obrador ha mandado al carambas al PRD en cada oportunidad— con la oposición en pleno, así como con organizaciones sociales y civiles,  para juntos plantear un programa incluyente y elegir un candidato consensuado  hacia las elecciones presidenciales del 2018. No es de sorprender, el convenenciero Partido Verde coquetea con integrarse al FAD.

Ciertamente, el modelo clásico de supremacía de un único partido político en el poder, con un gobierno unipersonal, se ha desgastado, cundiendo a nivel global gobiernos de coalición, incluyentes con amplios sectores sociales. El acercamiento PAN- PRD corresponde más al compartido objetivo de sacar al PRI de Los Pinos que a un definitivo acuerdo de gobernabilidad, logrando conciliar sus extremas visiones políticas. Pareciera que se configura un TUCPRI —Todos Unidos Contra el PRI—. El punto álgido entre ambos partidos saltará al pretender nominar candidato presidencial, tanto PAN como PRD presionarán por ser el primero. El PAN buscará imponer a un panista, respaldados en la taquilla electoral de su partido.

El voto panista no apoyaría a Miguel Ángel Mancera, por ejemplo. Asimismo, distintas facciones del PRD han manifestado su rechazo a respaldar a candidatos panistas a la Presidencia. Lo deseable sería el surgimiento de una figura conocida y reconocida, de arrastre popular, sin liga partidista. Por su parte López Obrador enfoca su estrategia atrayendo a su causa en lo individual, a desengañados militantes de distintos partidos, principalmente del PRD.

Lo primordial es que quien resulte el primero, tenga la certeza de su responsabilidad y de lo que va a realizar, que el primero sea el indicado.

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