¿Qué será del viejo orden internacional?

Trump, Marco Rubio y JD Vance predican el fin del orden internacional tal y como lo hemos conocido desde la posguerra.

 

 

The old world is gone.

Marco Rubio

 

Desde que Donald Trump anunció su segunda candidatura por la presidencia, la comentocracia estadunidense y mundial no reparó seriamente en que, con su base MAGA y su muy particular narrativa populista de extrema derecha, modificaría a profundidad la correlación de fuerzas en el ámbito político-cultural de Estados Unidos y del entorno global. En efecto, Trump tiene un proyecto ideológico que se empalma con las propuestas de la Heritage Foundation y su Proyecto 2025. Lo más destacable de esta coincidencia radica en que se propone que la política exterior se base en los principios de la Teoría del Ejecutivo Unitario (Unitary Executive Theory), que marca la pauta para que sea el presidente Trump el que mande y sólo él; se trata de que toda la maquinaria de política exterior se ponga al servicio del presidente como una maquina ágil a su servicio. También hay otros aspectos relevantes de coincidencia entre el proyecto de Trump y el Proyecto 2025 de la Heritage, como reducir el papel de los organismos multilaterales por encima de la cooperación internacional, promover la soberanía nacional por encima de la cooperación internacional y colocar la seguridad fronteriza y la defensa de intereses económicos en el centro de la política exterior. Asimismo, esta política se articula en torno a la idea de que los intereses nacionales deben prevalecer sobre los compromisos internacionales. No al compromiso multilateral. Se reivindica la soberanía nacional absoluta, la preeminencia del bilateralismo en lugar del multilateralismo, una profunda desconfianza hacia los organismos internacionales como la ONU, la OTAN y la OMS, entre otros, y una política proteccionista profunda.

En todas las intervenciones sobre la cuestión internacional, desde las que ha hecho Trump, hasta las hechas por Marco Rubio, pasando por JD Vance, se predica el fin del orden internacional tal y como lo hemos conocido desde la posguerra. Y se anteponen propuestas para iniciar un proceso de generación de nuevas condiciones para hacer del “nuevo” orden mundial (lo que esto quiera decir) un hecho. Rubio afirmó en la Conferencia sobre Seguridad que se celebró en Múnich, Alemania, días atrás, que el viejo orden internacional había terminado y señaló que las naciones del mundo tendrían que ponerse al día sobre la “nueva era” geopolítica internacional. Lo más significativo de su discurso fue la reivindicación de la defensa de la civilización occidental en alianza con los países europeos. Rubio convocó a llevar a cabo una reforma de las “instituciones globales del viejo orden” para proteger (junto con Europa) los pilares clave de la civilización occidental. La concepción de Rubio del orden civilizatorio excluye al resto del mundo –como Asia, África y América Latina– y defiende una alianza con Europa después de meses en que Trump se ha dedicado a golpear a los europeos por cualquier razón. Lo que Rubio propuso en Múnich es la construcción de un nuevo siglo occidental y para el logro de tal cosa –y si Occidente quiere salvaguardar y promover sus formas de vida históricas– se requiere como ineludiblemente necesario un realineamiento internacional que sustituya las viejas reglas del arreglo civilizatorio (también occidental) con las que hemos cohabitado desde la posguerra.

Así como la “doctrina Rubio” proclama la desaparición del “viejo mundo”, también demanda que las naciones reexaminen su papel en lo que ya aparece como una nueva era geopolítica que apunta a la modificación, a nivel micro y macro, de las relaciones interinstitucionales y sociales que rigen el orden internacional. Esto supone un alto grado de complejidad toda vez que las instituciones internacionales no están preparadas, en un plano horizontal y cosmopolita, para generar los impulsos de su propia reencarnación por otras nuevas. Para esta transformación ni el propio EU está preparado al momento. ¿Quién reemplazará al viejo orden? ¿Un hegemón iliberal en decadencia que aún pretende, por todos los medios, imponer términos de convivencia polarizantes y afianzar un conjunto de autocracias autoritarias, valga la redundancia, que lo único que han buscado es una organización del tablero global sobre bases de exclusión y modelos políticos domésticos que excluyen a la otredad y asumen los postulados de los regímenes autoritarios e iliberales que han postulado desde siempre la anulación de la pluralidad política? En todo caso, las reformas al orden global vigente requerirán del consenso internacional en el marco de un arreglo civilizacional incluyente, multilateral y democrático.

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