Una Edad Media de alta tecnología

No se requieren grandes innovaciones políticas para que trabajen bien la patrulla, la tesorería, la clínica, la escuela o el autobús.... No necesitamos una reforma nacional del sistema de alumbrado ni un pacto nacional de respeto a los semáforos. Lo que hoy necesitamos es tan sólo que funcione bien nuestro cochecito y no que compremos un avión.

Los aranceles son la negación de la globalización comercial. Son un instrumento tan arcaico como lo son la ley seca, la ordalía o la pernada. Dañan más al nacional que al extranjero. Son como aquella prisión invertida que encarcela a los buenos y libera a los malos. Los buenos quedan seguros, pero adentro. Seguridad, pero sin libertad.

De esto y de muchos otros temas políticos y económicos platiqué recientemente con un pequeño grupo de mexicanos muy importantes que me invitaron a dialogar. Me gustó escuchar a empresarios tan inteligentes, tan nacionalistas y tan valientes. Coincidimos con beneplácito en las bondades del plan presidencial de Claudia Sheinbaum.

Nos pareció bueno el planteamiento, acertado el método y posible la realización, dijo uno de ellos y yo estuve de acuerdo. Enhorabuena por ellos y enhorabuena por la Presidenta. Pero, sobre todo, enhorabuena por mí y por los muchos mexicanos.

También me preguntaron lo que veía bien y lo que veía mal. Está mal la seguridad, pero ya va mejorando. Está mal la corrupción, pero no sé si eso tenga un remedio burocrático o deberá ser un remedio generacional. Por la justicia sólo nos queda rezar. Debemos cuidar la economía y eso se va a hacer. Sobre todo, debemos cuidar la política. Que el gobierno no se destruya como en los últimos sexenios, que la oposición no se fermente como en los últimos años y que las ideas no se pudran, como en los últimos tiempos. Con eso, nos salvaremos todos.

Una de las muchas carencias de la Edad Media fue la de ideas políticas. Así, también, nos ha tocado vivir en todo el mundo. En México, el más importante invento político de los recientes 50 años ha sido una credencial de elector. No un nuevo sistema de poder sino un plástico con fotografía que sirve para todo uso diverso, a veces hasta para votar.

Las grandes transformaciones que se dieron, digamos, entre 1760 y 1960, provinieron de ideas nuevas, innovadoras y novedosas. En esos dos siglos, el homo faber se convirtió en zoon politikon. Ya no fabricó herramientas, sino construyó Estados.

Fue cuando inventamos la república, la federación, la democracia participativa, el constitucionalismo, las potestades restringidas, las libertades ampliadas, las garantías constitucionales, la separación de poderes, el presidencialismo, el parlamentarismo, la reforma liberal, la laicidad estatal, la igualdad jurídica, los mandatos limitados y las autonomías gubernamentales.

Fue cuando instalamos la educación abierta, la libertad de trabajo, la seguridad social, la soberanía irrestricta, la abolición de fueros, la no intervención internacional, la autodeterminación nacional, la globalización política, la protección de los derechos humanos y mil cosas más que han mejorado la vida de los individuos y la historia de sus naciones.

Desde luego, no todos los países ni en todos los tiempos requieren de invenciones ni de innovaciones. Es frecuente que las naciones tan sólo necesiten conciencia, eficiencia, decencia, atingencia e inteligencia. Y todo esto no se inventa ni, mucho menos, se decreta.

No se requieren grandes innovaciones políticas para que trabajen bien la patrulla, la tesorería, la clínica, la escuela o el autobús. No necesitamos genialidades para que funcionen bien la ventanilla, el bacheo o la alcantarilla. No necesitamos una reforma nacional del sistema de alumbrado ni un pacto nacional de respeto a los semáforos.

Lo que hoy necesitamos es tan sólo que funcione bien nuestro cochecito y no que compremos un avión. Que no haya corrupción dentro del gobierno y que no haya ratería fuera del gobierno. Que vaya bien la economía y no solamente nuestra hacienda. Que vaya bien la educación y no solamente nuestra escuela. Que vaya bien la salud y no solamente nuestra clínica. Que vaya bien la justicia y no tan sólo nuestro tribunal. Y que vaya bien nuestra política y no tan sólo nuestro gobierno. ¡Vamos!, que no vivamos en una Edad Media de alta tecnología.

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