Edificios políticos
El ejercicio político está muy mal. Yo tengo confianza en que el gobierno que comienza lo hará con seriedad. He expresado que el 80% de los designados así lo auguran. Pero también me queda en claro que esas designaciones indican más atención por los ramos específicos que por la política nacional. No veo quién será el operador político de la presidenta Sheinbaum.
En el edificio de la política, el sótano está representado por el nivel más bajo de los cuadros de ese sistema. Esa escoria del conjunto existe en cualquier país, sin excepción. Son los ignorantes, los infidentes, los inmorales, los incompetentes y los inaceptables. Todos ellos son la mengambrea de la política.
En el otro extremo se encuentra el nivel supremo. Donde se aloja el penthouse, si se trata de una vivienda; la gran suite, si se refiere a un hotel; o la presidencia, si se habla de una empresa. El piso de los elegidos. En la política, ése es el que determina ya no la altura, sino la alteza del sistema.
Lo más importante no es el nivel de los más bajos sino el nivel de los más altos. No importa que los peores sean reprobados con un 5. Lo muy grave es que los mejores sean aprobados con un 6. Que no haya una distancia considerable entre el suelo y el techo.
Esta semana que termina, Ricardo Sodi fue anfitrión de un Congreso Latinoamericano donde se reseñaron 200 años de evolución judicial como poder de contención de los otros poderes. En su discurso inaugural, sus palabras no dejaron dudas. Lo mismo puede decirse de los órganos legislativos que, en la democracia representativa, debieran representar a los gobernados, pero que se han convertido en sirvientes de los gobernantes. Todos los académicos participantes fueron muy coincidentes.
El ejercicio político está muy mal. Yo tengo confianza en que el gobierno que comienza lo hará con seriedad. He expresado que el 80% de los designados así lo auguran. Pero también me queda en claro que esas designaciones indican más atención por los ramos específicos que por la política nacional. No veo quién será el operador político de la presidenta Sheinbaum.
El más equipado sería Marcelo Ebrard. Pero no está en la posición ni en la condición. No está en la posición porque tendrá encargo específico con el T-MEC, que ya negoció en su versión reciente. Y no tendrá la condición porque dicen que no tiene ni la confianza ni la confidencia de su futura jefa. ¿Quién queda en el gabinete para manejar la política nacional de México? No lo sé, pero soy curioso porque, en la política, el que pregunta no se equivoca.
El otro asunto es que el pensamiento político está muy mal. No hay políticas de gobierno porque se confunden con las acciones de administración. Construir una gran presa, si acaso lo hicieran, no es una política hidráulica. Apresar a un importante gánster, si acaso lo hicieran, no es una política de seguridad. Fundar una buena universidad, si acaso lo hicieran, no sería una política educativa. Entonces, ¿cómo se gobierna sin políticas?
Me agrada que mi país se encuentre en un G-20 de la economía mundial. Pero me desagrada que pudiera ser excluido de un G-20 de la política. Que la política alemana o la china o la rusa o la estadunidense llegaran a ser más serias y respetables que la de nuestro México.
Hemos visto que, en muchas ocasiones, no sólo son malos nuestros pecados, sino que, además, son peores nuestras defensas. Por ejemplo, es muy difícil defender a Victoriano Huerta y mejor ni meterse a defensor. Así, es más fácil defender la cancelación del aeropuerto de Texcoco que defender la cancelación del AICM. Es más fácil defender los muertos de la guardería ABC que defender los muertos de la pandemia de covid. Y es más fácil defender el Fobaproa que defender la actual reforma judicial.
Pero vayamos más al fondo de nuestros síndromes políticos patológicos que se han generado ya en cinco sexenios. Ahora que se están creando hartas secretarías, creo que bien nos haría una Secretaría de la Política, una Secretaría de la Inteligencia y una Secretaría de la Seriedad. No es necesario que sean grandototas. Mejor que sean chiquitas. Y no es necesario que sean carísimas. En esas materias no hay contratistas ni concesionarios.
Por allí va la enfermedad y por allí va la medicina.
