Brindis, venturas y albricias para el 2025

El gobernante queda obligado a aplicar toda su inteligencia para escoger el preciso momento para aprovechar cada uno de sus dones. No confundir el carisma con el cariño ni la obediencia con el liderazgo ni el éxito con la victoria

Quiero expresar mis buenos deseos tanto para aquellos que nos gobiernan en todas las naciones como para nosotros, los que vamos a su merced.

Así, para comenzar, a todos los de arriba les deseo que tengan el carisma que convirtió en leyenda a John Kennedy. Eso no será mucho, pero es un buen comienzo. Segundo, que sean tan obedecidos con el agrado de su pueblo, como los chinos obedecieron a Zhou Enlai.

Tercero, que en todo momento difícil se les brinde la comprensión que le brindaron al Mahatma Gandhi. Cuarto, que alcancen el respeto de su pueblo como lo hizo Jawaharlal Nehru. Quinto, que los quieran tanto como los mexicanos quisieron a Adolfo López Mateos. Sexto, que logren el éxito que casi siempre logró Nikita Kruschev.

Séptimo, que la victoria los acompañe como a Álvaro Obregón, ese Aquiles que nunca fue derrotado. Octavo, que ejerzan el liderazgo que hizo amo del mundo a Franklin Roosevelt. Noveno, que posean la vista de Richard Nixon para no perder detalle alguno.

Décimo, que los proteja la visión de Winston Churchill para ver lo que viene, pero que aún no llega. Undécimo, que posean la videncia de Plutarco Elías Calles, para ver lo que los demás no pueden ver. Duodécimo, que alcancen la gloria de Charles de Gaulle, para llevarnos hasta donde no podríamos llegar solos.

Me dirán los lectores que estoy siendo muy generoso, ensamblando a Julio César, Juana de Arco, Luis XIV, Napoleón Bonaparte, Abraham Lincoln, George Washington, Isabel I y José María Morelos. Pero, no se confíen mucho de mi candor, porque allí les va el costosísimo precio que tiene que pagar todo verdadero político y no quien es un mero charlatán.

El gobernante queda obligado a aplicar toda su inteligencia para escoger el preciso momento para aprovechar cada uno de sus dones. No confundir el carisma con el cariño ni la obediencia con el liderazgo ni el éxito con la victoria.

Ésos son mis 12 deseos para ellos, los de carroza. Ahora mis 12 deseos para nosotros, los de a pie. Mi cuenta es muy sencilla y, por eso, parece muy humilde. Mis tres primeros deseos se refieren a lo que los demás ven, aprecian y valoran en nosotros. Que a diario logremos algo que nos dé honor, algo que nos regale prestigio y algo que nos aporte dinero.

Los tres siguientes, por el contrario, se refieren a lo que sólo vemos nosotros de nuestro ser personal. Que nos acompañe algo que nos otorgue sabiduría, algo que nos conceda salud y algo que nos done gratitud.

Continuando, se encuentran tres brindis, por lo que tiene que ver con nuestra felicidad, porque es nuestro deber tratar de ser felices, sin daño a los demás ni a nosotros mismos. Que siempre logremos algo que nos atribuya amistad, algo que nos obsequie amor y algo que nos propine alegría.

Por último, están tres albricias para nuestro espíritu, al que siempre tenemos que cuidar tanto o más que a nuestra materia. Que logremos algo que nos proporcione fe, algo que nos preste esperanza y algo que nos confiera paz.

Ya vieron que mi cuenta no es tan humilde ni soy tacaño con nosotros. Si al hacer un recuento reporta que algo hemos logrado, será el indicador infalible de que este año valió la pena de ser vivido. Por ejemplo, si hoy amamos a nuestros amigos más que al inicio del año, eso significa que tenemos muy buenos amigos. Si tenemos más amigos y nos quieren más, eso significa que somos muy buenos amigos.

Si en nuestra cuenta global este año salimos ganando, sólo tenemos que desear que la vida nos lo conserve o nos dé más. Si salimos a mano, pensemos que la poca ganancia nos evitó una pérdida y eso es muy bueno. Si, para nuestro mal, salimos perdiendo, tan sólo recordemos que más vale perder que no jugar, como aquellos que ya no jugaron porque ya se adelantaron.

Pero, ante todo y sobre todo, les deseo que, mientras los humanos no logremos inventar tres mejores palabras, Dios los bendiga.

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