Los miserables
La lección de la elección es que el PRI lleva rato de no ser un monolito invulnerable. Los optimistas dicen que, de aquí a 2018, hay tiempo de cambiar. Los pesimistas mejor afilan cuchillos para cobrar venganza… y cortar cabezas.
Sólo a punta de votos en contra, provocados por negligentes caciques provincianos, mentiras y denuestos mafiosos, el partido en el poder entendió que no entendió.
Golpe seco, sacudida, derrota y paliza parecen haber fracturado la burbuja de soberbia que mantenía aislada de las demandas ciudadanas a la casta divina del poder priista, empeñada en espejismos.
La corrupción hizo perder al tricolor el control de más de medio país; Beltrones, ni los tricolores sumisos, deben mostrarse sorprendidos de lo mismo que provocaron.
Javier Duarte y su desastre en Veracruz era un pasivo lesivo; corrupción, violencia e impunidad, lo mostraban como el mejor enemigo de su partido; comentócratas, finalmente ignorados, vislumbraron la debacle.
Otro Duarte, César, “el banquero ganadero”, ahora es “perdedero”; los chihuahuenses le pasaron factura por haber manipulado impuestos a placer y beneficio devenido en perjuicio.
Egidio Torre Cantú, incapaz de frenar el crimen organizado en Tamaulipas, deslindó la responsabilidad de gobernar y entregó la seguridad del estado a la Federación; un títere sin cabeza.
Quintana Roo, marcado por los excesos autoritarios de Roberto Borge, endeudador profesional como pocos, terminó por castigar a un gobernador sin oficio. Acostumbrado a despreciar adversarios y gobernados, y someter a los medios de comunicación, se creyó monarca por voluntad divina.
Esos cuatro caciques miserables sudan frío; ¿podrían acabar en el “bote”?
Tampoco duermen aquellos funcionarios federales que metieron mano “peluda” de manera descarada en el “proceso”. El gobierno federal contribuyó a la debacle con varilla y concreto; la desaparición de los 43, los escándalos inmobiliarios y los conflictos de interés colmaron la paciencia de electores cansados de tan procaz impunidad. El gancho de derecha panista también pega a la mandíbula del Presidente de la República.
La lección de la elección es que el PRI lleva rato de no ser un monolito invulnerable. Los optimistas dicen que, de aquí a 2018, hay tiempo de cambiar. Los pesimistas mejor afilan cuchillos para cobrar venganza… y cortar cabezas.
EL MONJE ILUSO: César Augusto Santiago, polvo de aquellos lodos alquimistas electorales, denuncia a las cúpulas y dinastías apoderadas del expartido aplanadora. Dice que el hartazgo de los electores no es contra el PRI sino contra los gobernadores corruptos. ¿Acaso a los priistas no obliga venderse como uno mismo en el triunfo y la derrota?; ¿serán capaces de superar polarización y encono?
Twitter: @JoseCardenas1
