Balance político 2025: economía límite de la 4T

El balance del año quedará marcado por el paso tumultuoso de reformas que cambian el rostro institucional del Estado, aunque el alcance de la remodelación del poder político es incierto; no se sabe a ciencia cierta el límite y menos el resultado futuro de lo que la 4T llama cambio de régimen y opositores, autoritarismo electoral. La Presidenta dedicó su primer año a consumar el proyecto de transformación que impulsó López Obrador, en línea de un gobierno de continuidad, pero sin suficiente claridad de objetivos y medios imprecisos. Ahora además con una reforma electoral en ciernes que promete ser la más democrática, pero cierra espacios a las minorías opositoras y que, sobre todo, tensará la alianza de Morena con el PT y el Verde. Es decir, desencuentros y rasgaduras.

En los últimos siete años de la 4T, 70% de artículos constitucionales se han modificado con reformas que refuerzan la centralización respecto a la federación y el poder presidencial, por ejemplo, en seguridad y salud. El control de Sheinbaum sobre el andamiaje político de los otros dos Poderes, la Corte, la FGR y 22 estados de Morena, abarca mucho más espacio que el que tuvo su antecesor; aunque sin su liderazgo carismático y ahora más solitaria por el declive de la izquierda en América Latina.  Aunque su fuerza sea mayor que gobernantes con congresos divididos o sin amplia base social, por igual su poder depende de dar resultados a las mayorías que la respaldan. Es la única medicina en un país tan desigual contra el contagio de la decepción detrás del giro a la derecha en la región y las calenturas injerencistas de EU sobre la paleta del color político continental.

Pero no es claro el destino de muchas reformas y los medios para sostenerlas, ante el acoso de Trump y su ola proteccionista. Sheinbaum constitucionalizó programas sociales para convertirlos en derechos; pero con dificultades crecientes para sostener la derrama social y la redistribución del ingreso sin suficiente crecimiento, inversión, mayor informalidad y deuda. Así, las políticas sociales insignia de la 4T con que sacó a 13 millones de la pobreza y amplió la clase media enfrentan el límite en un estancamiento económico prolongado; el confín donde toparon otros proyectos progresistas en Latinoamérica. El problema es que el viaje a lo desconocido de la reforma judicial y la incertidumbre de la renegociación del T-MEC inhiben a los capitales o de plano los ahuyentan. La Presidenta da señales de necesitarlos y se apoya en la élite empresarial para promover la inversión, pero sin traducirse en una agenda de políticas públicas, si bien reabre la puerta de Pemex y CFE a proyectos mixtos.

Sheinbaum consolida un liderazgo con alta popularidad, que contrasta con la erosión de la imagen Morena por escándalos de corrupción y ostentación de estilos de vida en las antípodas de la austeridad republicana. Su combate cimbró a la 4T por casos graves del círculo de López Obrador en Tabasco con el caso de La Barredora y vínculos con el negocio multimillonario del huachicol, o denuncias de extorsión al sindicato morenista de Pedro Haces. De ello sobresalen dos grandes errores: la persistente impunidad en la política anticorrupción y la escasa autocrítica. Todos esos dilemas se ven en clave de una regresión democrática o la profundización del proyecto de la 4T. El gobierno recorre su camino apoyado en sus bases, que no obstante muestra fisuras internas y el aumento de conflictividad por protestas sociales, a lo que responde con el discurso de polarización, aunque luce cada vez más desgastado y, sobre todo, genera un estado de confrontación que obstaculiza acuerdos imprescindibles con empresarios, productores rurales y jóvenes.

La concentración de poder no es sinónimo de gobernabilidad. Sheinbaum se debate con frecuencia entre el endurecimiento del mando fuerte o responder a las demandas con mayor apertura al diálogo. El pragmatismo como sello de su gobierno le permite alternar una y otra cara en acuerdos de reparto de poder para mantener la unidad interna de su movimiento, aunque cargue con el descrédito de liderazgos morenistas; y al exterior, con la flexibilidad que exigen las arcas estatales vacías que heredó de su antecesor y ceder a exigencias de Trump.

La principal fuerza de su poder es cumplir y dar resultados para mantener respaldo social, un camino difícil en tiempos en que la economía comienza a fijar el límite real a su proyecto.

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