Cuando el tigre despierta

Jorge Maldonado

Jorge Maldonado

Sala de máquinas

Se le atribuye al presidente Porfirio Díaz la frase “soltaron al tigre, a ver si pueden domarlo”. Frase que sería profética, pues aquella movilización de Madero sería el inicio de una revolución que cobraría millones de vidas, grandes pérdidas económicas y que duraría una década.

Chihuahua ha sido tierra de revolución, de carácter, de firmeza, de acontecimientos históricos que no admiten tibiezas ni presiones egoístas e individuales. Los chihuahuenses han demostrado que no se les puede ni timar ni chantajear. 

Desde el fusilamiento del cura Miguel Hidalgo, pasando por el momento en que esta entidad fue sede de los poderes de la República en tiempos de Benito Juárez, hasta la toma de Ciudad Juárez por los maderistas, hay una lección clara: la historia de nuestro país no se contaría igual sin Chihuahua, y con su gente no se juega.

A los malamente llamados “pensadores” y operadores de la Cuarta Transformación, les falló un cálculo muy básico: no se enfrentan a un pueblo manipulable con sus dádivas, y no lograron activar a los beneficiarios de sus apoyos. 

Se enfrentan a ciudadanos hastiados, dispuestos a defender, incluso con su integridad física, la libertad que años les ha costado y que no se vende, no se pacta ni se negocia por unos pesos mensuales. La dignidad vale más que cualquier apoyo. 

La presidenta Sheinbaum y su movimiento están jugando con fuego, pretendiendo ir a estados de oposición a movilizar gente, a sembrar confrontación y caos.

Han procurado más la defensa política de personajes impresentables, incluido un gobernador con licencia, que la propia de las y los mexicanos. Pero están escogiendo muy mal sus batallas: hay lugares que no se pueden cooptar a punta de programas y apoyos, y no terminan de entenderlo. 

Si amor con amor se paga, el recibimiento en Chihuahua a la presidenta de Morena y al hijo de Andrés Manuel López Obrador fue la muestra más clara de desaprobación y rechazo; de que también el amor, si existió, se acaba. 

México está despertando, mientras ellos piden pruebas y encubren delincuentes, mientras integrantes de su movimiento se entregan y se acogen a la protección de Estados Unidos. 

El legado de la transformación comienza a dibujarse de cuerpo completo: polarización, deterioro institucional y un país cada vez más dividido. 

La soberbia les hizo creer que podrían coger el fuego sin quemarse, que podrían someterlo todo con el poder, incluso la dignidad de la gente. En Chihuahua se toparon con la realidad: hay cosas que no tienen precio.