Cambiar la política por el azar
Decimos en el libro Ni venganza ni perdón que López Obrador mostró desde el inicio de la campaña para 2018 una enorme capacidad de movilización y de realizar amarres con todo tipo de personajes...

Jorge Fernández Menéndez
Razones
Para mi hermana Graciela, que hace seis años
partió dejándonos a todos un poco más solos.
Hay varias cosas que no llego a comprender en el empeño de la presidenta Claudia Sheinbaum respecto a la reforma electoral. Una de ellas es el desprecio absoluto a los plurinominales, cuando su partido y sus antecedentes históricos, desde el PCM hasta Morena, se construyeron con base en ellos. Pero, desde la elección de 2018, el entonces candidato López Obrador, en una vuelta de tuerca de aquello que se definiría después como 90% de lealtad y 10% de capacidad, no sólo despreció a los plurinominales, decidió que esos cargos se decidieran por tómbola, que fuera el azar. Ahora lo hará el acordeón.
Decimos en el libro Ni venganza ni perdón que López Obrador mostró desde el inicio de la campaña para 2018 una enorme capacidad de movilización y de realizar amarres con todo tipo de personajes y grupos políticos con el sólo objetivo de ganar la elección. En ese proceso instauró un mecanismo que ha sido de los más extraños y controvertidos: decidir, para que no hubiera conflictos internos, las candidaturas al Congreso por tómbola, cambiar la decisión política por el azar. Y opta también por dividir el país en cinco regiones con coordinadores designados para cada una de ellas que responderán directamente al candidato. A Julio le tocó la responsabilidad de todo el sureste.
Cuenta Scherer en el libro cómo se operó esa campaña. “En el sureste, dice Julio, estuve yo. Me tocaron esos siete estados, fue una barbaridad. Pero un poquito antes de eso se destapan los que van a encabezar las senadurías y las gobernaturas. Y todo esto ya en una negociación con Andrés Manuel que, a diferencia de la mayoría de los políticos, de México y del mundo, decide que en las diputaciones y las senadurías que se juegan por mayoría debe seleccionar a una persona que tenga arraigo, que funcione localmente, que tenga un amplio conocimiento del Estado. Pero para los plurinominales se jugarían los nombramientos en una tómbola.
“Nunca he entendido por qué, le pregunté. Como tú dices, nunca nadie había decidido así las candidaturas.
“Porque decía que quería evitar favoritismos. No quería nombrar a una persona y que las demás se sintieran con él. No quería que por una decisión, gente de un municipio, de un estado, quedara resentido por el candidato que se escogía.
“Andrés Manuel siempre ha dicho que no hay profesión más noble que la de la política, que la política es el instrumento que acerca a las personas al crear una cercanía real, que la política es un medio para servir, no para servirse.
“Pero cambió la política por la suerte. ¿Cómo puede ser que el hombre que pondera la política como lo más elevado y la mejor opción para la sociedad, decidiera que la suerte fuera a ser la que se impondría sobre la política? Creo que en la raíz tenía razón, mas no en la forma.
“Es el sustento de la idea posterior de que importa más la lealtad que la capacidad.
“No es el gobierno de los mejores, es el gobierno del que tuvo más suerte, es el Congreso del que tuvo más suerte, más con un partido ya tan grande, con una franca posibilidad de ser presidente de la República. Entonces creo que, estratégicamente, estaba concentrado en la elección, pero no estaba concentrado todavía en lo que sería el gobierno.
“Los plurinominales son, normalmente, las personas que entraban a reforzar la parte ideológica y profesional de los congresos. A eso estábamos acostumbrados. Y Andrés Manuel nada más se reservó para él, creo, que las dos primeras posiciones de los senadores o las cinco primeras posiciones de los senadores y algunas pocas posiciones en distintos distritos electorales de los diputados. Lo demás, a la suerte.
“Todos le decíamos que ésos eran los que gobernaban los congresos, pero Andrés Manuel decidió que era más importante cambiar la política por la casualidad, lo que trajo como resultado, más adelante, esa frase de 10% de conocimiento y 90% de lealtad. Porque, obviamente, esa gente que salía de la tómbola era gente modesta que se inscribía, que no necesariamente tenía todas las capacidades, pero que se apoyaba en la condición de líder de Andrés para entrar en el gobierno.
“¿Eso no es un poco también confiar demasiado en sí mismo y pensar que no se necesita tanta ayuda porque lo que se necesita es la lealtad, más que el conocimiento?
“No sé, porque López Obrador hace equipo, sabe que necesita gente para operar. Andrés Manuel es un genio de la política, pero es una persona consciente de que necesita instrumentos. A veces es muy duro con las personas. Puede desecharlas. Hay quienes trabajan para él y luego las manda al diablo, ya no son necesarias. Y si no se necesitan, pues no están, punto. El tener personas con 90% de lealtad y 10% de eficacia no es lo más adecuado ni para el gobierno ni para el Congreso ni para el propio presidente de la República… Además de que no le gusta quitar a la gente, no le gusta correr a la gente. Por alguna razón, Andrés Manuel no despide a la gente, la remueve a otro lugar.
“Los ignora, pero se quedan en el cargo. Se quedan en el cargo, pero sin encargo.
“Eso decía siempre Andrés Manuel: yo no doy cargos, doy encargos. Y el que tenía cargo y no tenía encargo, no servía para nada. Era un tipo que estaba out”.
Hasta ahí lo que se cuenta en ese capítulo de Ni venganza ni perdón (Planeta 2026). Me parece que ahí está el origen de ese desprecio. También, por eso mismo, me parece que la iniciativa tiene más de Palenque que de Palacio.