México prende las alertas
La eficacia interna de victimizarse por un complot “del intervencionismo” estadunidense se ha desgastado. Así lo indican los índices de desaprobación
Las marchas ciudadanas en 100 ciudades del país han lanzado un poderoso mensaje al mundo. La democracia en México se encuentra en riesgo y existe una persistencia inconstitucional en controlar los órganos electorales, pero también la existencia de una numerosa ciudadanía en resistencia para impedirlo.
Adicionalmente, las autoridades mexicanas han cometido el error de enviar un mensaje que tiene encendidas las alertas: la intención de crear un conflicto con el gobierno de Joe Biden, enarbolando la defensa de regímenes autoritarios y acusando al primero de alentar el golpismo en América Latina y el Caribe.
Se intenta jugar en el terreno internacional como si fuera la arena política nacional. El efecto ya es adverso: influyentes medios de comunicación extranjeros advierten de lo que pareciera un giro autoritario en México para alinearse a Nicaragua, Cuba y Venezuela.
Es muy difícil que los artífices de esta estrategia desconozcan que una cosa es el gobierno de Estados Unidos y otra su poderoso Congreso, que ya expresó su preocupación por el riesgo de que México retroceda a la llamada “dictadura perfecta” del PRI, que manipuló las elecciones por más de 70 años.
Este espacio pudo conocer versiones del partido oficial en el sentido de que la estrategia consiste en acusar genéricamente a Estados Unidos de intervencionismo, siempre que no se toque a Biden ni se modifique el acuerdo de contención de los migrantes.
Sin embargo, el avance del narcotráfico en el territorio mexicano y el descontrol de la “epidemia” de fentanilo han metido al Congreso y al Partido Republicano en la ecuación, que no ha dejado pasar, este último, la oportunidad de afectar electoralmente a Biden.
Este juego puede terminar en un resultado adverso. México está en una posición inmejorable para recibir inversiones por el efecto nearshoring, como lo expresó la secretaria de Economía ante el Legislativo, al anunciar la existencia de, al menos, 400 empresas que buscan radicar sus inversiones en el país, para aprovechar nuestra cercanía con el segundo mercado más importante del mundo.
El ejemplo es el anuncio de Elon Musk de asentar en Nuevo León su megaplanta de Tesla, lo que estuvo muy cerca de fracasar por la ideologización de las políticas públicas. El magnate fue claro, ahí o me voy.
Los pronósticos de los capitales es que México se ha tornado en un foco rojo por dos factores: el avance del control territorial del narcotráfico y la incertidumbre jurídica por la persistencia de deslegitimar a la Suprema Corte y las personas juzgadoras. Hoy se añade el intento de controlar las elecciones.
La eficacia interna de victimizarse por un complot “del intervencionismo” estadunidense se ha desgastado. Así lo indican los índices de desaprobación.
Esta ruta puede terminar abriendo dos frentes: uno para la economía, al tornarse México no viable para las inversiones y, otro, para los tres precandidatos presidenciales de Palacio, quienes se volverían poco confiables si prometen el continuismo.
Por demás inoportuno resultó el artículo del subsecretario de Derechos Humanos, Población y Migración, Alejandro Encinas, en el que llama a reformar al Poder Judicial federal, aludiendo los mismos calificativos de Palacio.
El PJF tiene mecanismos de regulación. Las pocas garantías de un proceso democrático en el Congreso, cuya mayoría aprueba lo que se le instruye, y la abierta y sistemática agresión a los integrantes del PJF, no hacen más que confirmar que se reintenta someter a un Poder del Estado, cuya función es contener el desbordamiento del poder público.
El gobierno y su aparato han iniciado una peligrosa campaña de violencia verbal contra la ministra presidenta, Norma Piña. El foro y la sociedad civil les han llamado a detenerla, porque puede poner en riesgo su integridad.
