La revancha de los jóvenes
De acuerdo con la OCDE, los jóvenes de entre 15 y 29 años, que ya lidiaban con las consecuencias de la crisis financiera, hoy viven una gran dificultad para afrontar su transición hacia la vida autónoma.
Lo que hoy vemos como conductas atípicas en los jóvenes es consecuencia de su exclusión de las políticas públicas de muchos gobiernos del mundo, por lo que se prevén acciones de castigo para éstos en el refrendo de su permanencia en el poder.
En los últimos 15 años, dos generaciones de jóvenes fueron golpeadas por dos crisis de gran envergadura. La económica de 2007-2008, que dejó un fuerte resentimiento hacia sus respectivos gobiernos y la de la pandemia de covid, que los ha dejado en gran desventaja para poder construir un futuro económico sólido. No se digan las secuelas psicológicas.
De acuerdo con la OCDE, los jóvenes de entre 15 y 29 años, que ya lidiaban con las consecuencias de la crisis financiera, hoy viven una gran dificultad para afrontar su transición hacia la vida autónoma.
Varios indicadores comprueban que los jóvenes han sido severamente golpeados por la crisis de la pandemia y expresan preocupación por el impacto en sus ingresos futuros, así como en su salud mental, educación y posibilidad de empleo.
México, como miembro de la OCDE, no reportó acciones concretas para mitigar estos efectos en los jóvenes, así como tampoco en temas de salud mental y educación. El único programa conocido, pero no reportado como una política pública especialmente diseñada, es el de Jóvenes Construyendo el Futuro, que se basa en la entrega de dinero a empresas para preparar a los inscritos en un oficio. Adicionalmente, existen becas a estudiantes, que implican la entrega de dinero en efectivo, implementadas desde 2018.
Las revelaciones del estudio plantean como una constante crítica que la población joven experimenta inseguridad financiera e incertidumbre para conseguir alojamiento, es decir, renta de una vivienda y mucho menos compra.
La gran advertencia del organismo es que las poblaciones de jóvenes en todo el mundo experimentan una intensa angustia, contribuyendo a la depreciación del capital humano y a la pérdida de redes profesionales.
Al reducirse la movilidad internacional de estudiantes, la ampliación de la brecha entre los diferentes niveles educativos —especialmente en América Latina y, remarcadamente, en México—, está propiciando el riesgo de que los jóvenes definitivamente abandonen la educación.
Como mencioné líneas arriba, las mediciones reflejan ya una baja confianza de los jóvenes en los gobiernos y en las instituciones públicas. México no es la excepción, como lo han apuntado otras encuestas.
Un elemento que enfatiza la crisis de las juventudes es su insatisfacción con los procesos democráticos y su descendiente confianza en los gobiernos.
En términos concretos, el manejo de los gobiernos de la pandemia de covid-19 fue el punto del declive en la confianza de los jóvenes y la entrada en esta etapa de la angustia y la desesperanza respecto de sus opciones del futuro.
La OCDE ha realizado diversos estudios, uno de ellos el de Juventud y covid, repuestas, recuperación y resiliencia, así como la Encuesta sobre los riesgos significativos.
La encuesta global de Gallup, aplicada en 2020, refleja una disparidad interesante para México. Primero, lo ubica en el lugar 16 de 34 países. El grado de confianza de su población entre los 15 y 19 años en el gobierno fue de 52%; en la de 30-49, fue del 45% y, en el segmento de mayores de 50 años, de 59 por ciento.
Por último, llaman la atención los rubros en los que los jóvenes se muestran muy insatisfechos: 62.9%, lo están en deportes, cultura y esparcimiento; 60.4%, en educación; 56.4%, en alojamiento; 55.7%, en empleo, y 45.6% en salud. Se trata de detonantes de crisis sociales que no pueden dejar de observarse.
Resalta la advertencia del FMI de mayores riesgos de disturbios sociales y parálisis política en la región por el lento crecimiento y altas tasas de interés.
