La rebelión contra Palacio
De acuerdo con diálogos entre legisladores de Morena, en el reciente paquete de reformas y leyes enviadas por el Ejecutivo se detectaron graves inconsistencias, pero decidieron dejarlas pasar y que la Corte o los juzgados federales las detuvieran tras su impugnación.
El primer concepto proviene del filósofo francés Jean-François Revel, quien, al hacer una descripción de la relación de las democracias con la verdad y la información, advirtió del recurso autoritario de falsear la segunda con fines totalmente inspirados en la retención del poder.
Ocupa esta reflexión porque la mentira o el falsear la información forma parte de un ejercicio constante del oficialismo, bajo el cual sólo hay buenos o corruptos, liberales y conservadores, sin que la sociedad tenga a bien distinguir entre estos últimos.
Lo que este tipo de autocracias no soportan es el choque con la realidad. Y ésta refleja que más de la mitad de los mexicanos desaprueba que se viole la Constitución para perseguir fines, quizás algunos legítimos, pero mal diseñados y otros que se visten más de la destrucción de la democracia.
Cada vez es más frecuente la vinculación de miembros del gobierno actual y personajes cercanos al círculo presidencial a probables actos de corrupción. Casos, no sólo ventilados internamente, sino también documentados por las autoridades de Estados Unidos.
Un problema mayúsculo es la ineficacia de los funcionarios públicos y de los congresistas del partido de Estado, pues al procesar las leyes dejan ver deficiencias de técnica legislativa básica que hace crisis con el uso de su mayoría.
Por ello resulta tan predecible la invalidez de tales leyes o reformas ante la Corte Suprema, o bien su suspensión por la vía de amparo. Y, cuando esto ocurre, entonces se falsea la información y se construye toda una historia para hacer del gobierno una víctima.
Sin duda, lo es de su propia inconsistencia. Pero, en primerísimo lugar, de sus propios legisladores que, sabiendo de antemano que las iniciativas provenientes del Ejecutivo son insostenibles ante cualquier control constitucional, las aprueban en sus términos.
De acuerdo con diálogos entre diputados y senadores de Morena, en el reciente paquete de reformas y leyes enviadas por el Ejecutivo se detectaron graves inconsistencias, pero decidieron dejarlas pasar y que la Corte o los juzgados federales las detuvieran tras su impugnación.
Es decir, díganle sí al Presidente y que allá se entienda con la Corte. Esta rebelión se debe a una molestia de inicio por la intromisión que ha permitido en la elección de los candidatos a las gubernaturas de Coahuila y el Estado de México.
Si de este tamaño es el efecto, imagínese cuando venga la selección de los candidatos a los cientos de puestos de elección popular que estarán en juego para 2024.
Entonces, cuando desde Palacio Nacional se acusa a las y los ministros de la Suprema Corte de conspirar, de aliarse con intereses contrarios a la democracia, lo que se está haciendo es falsificar la información.
Se trata, en realidad, de un revés legal a una reforma que es contraria a la Constitución. Si la hubieran procesado bien y dialogado con las otras fuerzas políticas, muy probablemente estaría vigente.
Se dice falsamente que la Corte invade competencias del Poder Legislativo. La propia Constitución, por voluntad de quienes integran dicho poder, crearon el recurso de acción de inconstitucionalidad, justo para revisar si se cumplió con los formalismos o si una ley o modificación es conforme a la Máxima Ley.
No hay intromisión alguna. Hay mentiras que encubren incapacidades o, para decirle de otra forma, es el efecto de dejar pasar errores en las leyes para exhibir al propio Presidente. Nada más y nada menos que por los legisladores de su partido.
