La encrucijada de las empresas

Las encuestas demuestran que sólo el 21% de los empleados a nivel global está comprometido con el trabajo.

Todo parece indicar que la llamada pasión por el trabajo o por la creatividad relacionada con la productividad en el mundo de las empresas se ha agotado como modelo. Todo indica que el 40% de la fuerza laboral a nivel global estaría pensando en renunciar a sus trabajos a lo largo de los próximos tres y seis meses, sin importar el pago que reciben en retorno.

En seguimiento a la pasada entrega sobre la “Renuncia silenciosa” que sacude a las empresas del mundo, incluidas las mexicanas, las encuestas demuestran que sólo el 21% de los empleados a nivel global está comprometido con el trabajo.

El Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) publicó un análisis sobre el tema acopiando diversos estudios y mediciones. Citando una encuesta de McKinsey, subraya que cada vez más personas están renunciando a sus trabajos para experimentar negocios propios y trabajos no tradicionales que los acerquen a un mundo menos estresante y demandante, poniendo la convivencia familiar primero.

Gallup, por ejemplo, encontró que los “mantras” de un alto porcentaje de los trabajadores a nivel global son “viviendo para el fin de semana”, “viendo el tic tac del reloj” y “el trabajo es sólo un pago”.

Para dimensionar el reto que las compañías enfrentarán, la generación Z (1994-2010) representará el 27% de la fuerza laborar de los países pertenecientes a la OCDE en 2025.

Sin embargo, la incógnita es cómo deben resolver las empresas el comportamiento de esta nueva fuerza laboral que tiene demandas y necesidades radicalmente opuestas a las de sus anteriores generaciones.

Para el WEF, está claro que la mayoría de la generación Z no se opone a un trabajo corporativo, sino que no es tan propensa, como otras generaciones, a hacer concesiones por un lugar de trabajo que no se ajusta a sus valores.

Esta generación se preocupa por la autonomía y el equilibrio entre la vida laboral y personal: casi dos tercios de la generación Z preferirían trabajar por su cuenta en una empresa nueva. “Aproximadamente, la mitad informa que renunciaría a su trabajo si interfiriera con su equilibrio entre el trabajo y la vida”.

Estos hallazgos son importantes, porque se trata de una generación que “elige” trabajar en empresas que son congruentes con los valores que difunde.

Rechazan emplearse en compañías que incurren en el pinkwashing, es decir, que simulan tener políticas de diversidad, igualdad e inclusión, o en aquellas que no protegen el medio ambiente o en las que los salarios entre hombres y mujeres son dispares.

Para el WEF, es necesario que los líderes empresariales sean estratégicos para involucrar a la generación Z sin generar una disrupción en las demás plantillas laborales.

Esto puede lograrse alentando un ambiente de independencia que facilite la creatividad de los empleados, pero bajo una nueva cultura empresarial reflejada, sí, en los modelos de las startups.

La flexibilidad es la clave para la retención de la generación Z. Así lo comprobó una muestra aplicada a 35 mil trabajadores en 34 mercados del mundo, que arrojó que dos de cada cuatro personas de esa generación preferían el desempleo que quedarse estancadas en un trabajo insatisfactorio.

Existe una realidad pospandemia que los CEO deben comprender: la flexibilidad es una demanda surgida de los nuevos espacios de trabajo.

El 73% de los empleados desea opciones permanentes de trabajo flexibles, mientras que 67% quiere más trabajo en contacto con personas y espacios de colaboración. Esto es un mensaje de que la imposición de un modelo único sólo generaría inestabilidad y un impacto negativo en la productividad de las compañías.

El compromiso real con la diversidad e inclusión debe abarcar la identidad y orientación sexual. De otra manera, el sector empresarial no estará a la altura del desarrollo.

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