Insomnio en Palacio

Vemos a un secretario de Gobernación y a funcionarios que urden peleas e insultan a los opositores, a los juzgadores federales, como a la valiente jueza Karla Macías, que suspendió el traslado inconstitucional de la Guardia Nacional en Guanajuato.

Nunca como ahora el Presidente ha perdido el control del discurso público. Desmantelar el INE para manipular las elecciones y, con ello, regresar a las ominosas épocas del fraude lo llevó de frente a la pared. Los insultos a los ciudadanos muestran desesperación y apuntan a mayor polarización.

Ha logrado sacar a los ciudadanos a marchar en las plazas de todo el país para defender la democracia. Si hay algo que al Presidente le quita el sueño, son las marchas que puedan afectar su creencia de que es un demócrata. Y no lo es. Así lo demuestra su historia, por ejemplo, cuando desarticuló el PRD introduciendo dinámicas priistas, que es la ruta dominante que reproduce.

Nutren la convocatoria a la marcha de este domingo en defensa del INE y de nuestra democracia muchos luchadores históricos de izquierda, lo que lleva a algunos a preguntarse qué es, entonces, el lopezobradorismo.

No le ha alcanzado revivir un viejo y aclarado video de Lorenzo Córdova, presidente del INE. Ni tampoco el supuesto ahorro al desmantelarlo, porque los mexicanos conocen esa ruta: escasez de medicinas para cáncer, disrupción del Estado de derecho, fin de las guarderías y refugios para mujeres, corrupción en la entrega de dinero en efectivo, etcétera.

Por eso también arremete contra el feminismo y se niega a cambiar su política de seguridad contra los feminicidios. Lo califica de derechista y asegura que las mujeres no piensan por sí mismas, que las manipulan.

No soporta que las mujeres lo desafíen. La pandemia evitó la segunda gran marcha feminista en contra de la violencia e hizo todo lo posible por entorpecerla. Pero todas las jóvenes asesinadas estarán en su conciencia.

Por eso evita eventos masivos y hacer presencia en donde han ocurrido desgracias, porque no soporta que le griten ni le reclamen.

Los desaparecidos y el asesinato de madres buscadoras son su otra herencia, que está dispuesto a pagar por el poder. Ha incluso jugado con el cristianismo para crear empatía con los adeptos de esa filosofía, pero tampoco le es suficiente.

Su estrategia es muy elemental, ya no novedosa y, por tanto, desgastada. Cuando comete un error que le afecta su imagen autoconstruida, crea un escándalo, saca de la chistera un villano y alinea a su gabinete y aliados para tratar de cambiar la narrativa.

Así vemos a un secretario de Gobernación y a funcionarios que urden peleas e insultan a los opositores, a los juzgadores federales, como a la valiente jueza Karla Macías, que suspendió el traslado inconstitucional de la Guardia Nacional en Guanajuato, porque la idea es distraer, tapar el sol de la corrupción, la alineación con los grupos delincuenciales y la permisividad para matar a mujeres.

Se ha demostrado que entre más mañaneras dé, mayor desgaste en su discurso y mayor saturación. Porque a quienes cree que les habla ya no lo escuchan tanto ni les interesa.

Ahora se queja de que pedirá pensión al ISSSTE cuando sea expresidente; está bien. Que busque un segundo trabajo y cuando se enferme que se forme desde la madrugada en su clínica y, si no hay medicamentos, pues que marche. Como miles de mexicanos.

A los que les ha ofrecido poder anuncian que se prenderán fuego, pero no lo harán. Porque ya dejó de tener el control absoluto, ya no es el dador del poder, y eso lo sabe, lo ve en las revueltas internas de Morena, entre quienes ha hecho creer que son sus candidatos, entre el pueblo uniformado y, lo más grave, entre las bandas criminales.

Pero como México y su democracia son más grandes, y ésta sobrevivirá a los pequeños, todos los convencidos de que el país merece un futuro de libertades debemos marchar este domingo, ejercer nuestros derechos constitucionales que nadie nos puede conculcar.

La soberanía nacional radica en nosotros.

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