Escudarse en Latinoamérica
No es el líder de la 4T el que mejor posición tiene para liderar la región. Ni siquiera Lula da Silva, sino el de la oferta de una izquierda moderna, es decir, el chileno Gabriel Boric y, muy probablemente, el exguerrillero colombiano Gustavo Petro
La propuesta mexicana de integración económica latinoamericana, con énfasis en el freno a la inflación e intercambio comercial, es interesante, pero no nueva. No toma en cuenta las grandes disparidades de las economías, cerradas algunas y poco transparentes y proteccionistas otras.
Lleva a la conclusión de que México sólo busca utilizar la propuesta para generar una percepción de fuerza frente a su diferendo contra la administración Biden y el Partido Republicano, por la política de tolerancia al tráfico de drogas.
Recordemos que la vicepresidenta Kamala Harris rechazó la oferta de la 4T de intermediar el apoyo económico de EU en Centroamérica —para generar crecimiento y frenar la migración, a través del polémico programa Sembrando Vida—, en lugar de un plan ambicioso de creación de infraestructura e impulso a pequeñas y medianas empresas.
En esencia, de acuerdo con análisis de la prensa estadunidense, EU no fortalecería ni empoderaría a un gobierno populista.
Más allá de ello, hay varios elementos a considerar. No es el líder de la 4T el que mejor posición tiene para liderar —en esa hipótesis— la región. Ni siquiera Lula da Silva, sino el de la oferta de una izquierda moderna, es decir, el chileno Gabriel Boric y, muy probablemente, el exguerrillero colombiano Gustavo Petro.
Brasil seguirá siendo el líder económico en el cono sur y México, con EU y Canadá, bajo cuyo tratado comercial surgen muchos inconvenientes por tratos no preferenciales a sus socios.
Según Amartya Sen, premio Nobel de Economía y conocido por sus teorías sobre el desarrollo humano y la economía del bienestar, no puede medirse el desarrollo sin que exista verdadera libertad de elección e igualdad de oportunidades. Por lo que sumar a Cuba es contradictorio.
No se puede, por tanto, buscar esa hipotética unidad sin desconocer las falencias históricas de la región. De acuerdo con el BID, la infraestructura, el mercado financiero, la innovación y la educación, inciden en el crecimiento y modernización regional.
Ricardo Sennes, investigador del Centro Brasileño de Relaciones Internacionales, advierte que las políticas educativas de la región no han sido eficaces en los últimos años. Si bien Bolivia, Brasil, Costa Rica y Ecuador aumentaron la inversión en educación en un 5% de su PIB, los esfuerzos no fueron los esperados.
Más del 93% de los jóvenes latinoamericanos completa el ciclo básico, pero sólo el 56% con menos de 24 años termina la secundaria y el 9% completa la educación universitaria.
Sennes resalta la existencia de un clima empresarial favorable. Sin embargo, México no aporta ese requisito por su hostilidad contra el empresariado, que considera su adversario ideológico.
En la pandemia no generó apoyos a las pequeñas y medianas empresas, provocando que un millón de ellas quebraran y miles perdieran sus empleos.
El plan mexicano es inviable porque el país facilita la informalidad. El 55.6% de las personas mayores de 15 años se emplean en la informalidad, base del clientelismo electoral.
El FMI informó que la inflación subyacente —que no incluye los alimentos y la energía— se mantiene alrededor del 8% en Brasil, México y Chile; superior en Colombia y menor en Perú. Esto no permite una estrategia general.
El pronóstico para 2023 no es el mejor. El crecimiento sufriría una desaceleración del 2% con tasas de interés más altas y precios más bajos de las materias primas.
El empleo y el consumo de bienes y servicios muestran una desaceleración y el índice de confianza del consumidor y de las empresas se debilita. Las presiones salariales serán otro elemento crucial.
La regla a no olvidar es que, cuando un gobierno está por terminar, es mejor esperar al siguiente.
