¿El divorcio del alcohol?
Quizá, al fin, las generaciones que hemos arruinado el mundo (contaminación, autoritarismos, guerras y criminalidad) estamos siendo desplazadas por quienes habrán de heredar el planeta.Esto sería una muy buena noticia.
Los jóvenes comienzan a marcar distancia del consumo de alcohol; sí, es un hallazgo de diversas investigaciones en Estados Unidos que trae de cabeza a los sociólogos y psicólogos en la búsqueda de conclusiones. No parece ser un movimiento de moda y sí probablemente un cambio radical de patrones e identificación.
Quizá también, al fin, las generaciones que hemos arruinado el mundo (contaminación, autoritarismos, guerras y criminalidad) estamos siendo desplazadas por quienes habrán de heredar el planeta. Esto sería una muy buena noticia.
Comencemos. Investigadores de la Universidad de Cambridge (Justin Jager, Katherine M. Keyes y Daye Son, entre otros) encontraron que jóvenes de la Generación Z consumen menor alcohol en comparación con la generación anterior, concluyendo que se trata de una reversión de la tendencia histórica en Estados Unidos.
Al tratarse de una generación, aun cuando viva bajo patrones culturales distintos, no existe duda de que en México también se experimentará esta tendencia.
Allá las campañas contra el consumo de alcohol no son intensas. En el caso de las mexicanas, fallan porque parten de la generación de culpa del adicto, en vez de asumirlo como víctima o enfermo, según los expertos, que evade una historia dolorosa.
El adicto no es adicto porque quiera serlo, sino porque hay detonantes interiores: abusos, abandono, etcétera. Es un largo debate.
Los investigadores examinaron las posibles razones de esta reversión, incluida la convergencia sexual en estos patrones. Como parte del estudio Monitoreo del futuro nacional de Estados Unidos, se encuestó cada dos años a más de 75 mil jóvenes, de 1976 a 2006, entre las edades de 18 y 30 años.
Encontraron que la reversión en el consumo surgió gradualmente a lo largo de las últimas tres décadas, lo que sugiere que es el resultado de un cambio histórico amplio y duradero. Sus hallazgos indican que la variación en los roles sociales y la edad mínima legal para beber colectivamente representaron sólo una cantidad modesta de la reversión, aunque el matrimonio fue el más influyente entre los factores examinados.
Finalmente, encontraron evidencia de que la convergencia sexual en el alto consumo de bebida estaba limitada por el desarrollo y era mucho más pronunciada al comienzo de la transición a la edad adulta.
De acuerdo con un reporte de Joel Achenbach, en The Washington Post, la hipótesis más discutida es que los jóvenes han cambiado la forma de organizar su vida social. En el pasado, era común que los adolescentes se reunieran cerca de sus escuelas a beber cerveza.
Sin embargo, esta tendencia comenzó a declinar antes del advenimiento de los teléfonos inteligentes y las redes sociales, de acuerdo con Katherine M. Keyes, participante del estudio, lo que hace más profunda la incógnita.
Es cierto que, por otro lado, las redes sociales han privado a los adolescentes de las experiencias emocionales y corporales con sus amigos y sobre esto existen gran cantidad de estudios, como es el caso de la limitación de las experiencias sexuales en ese rango de población en Japón.
Keyes expone que podría tratarse de un efecto rebote de las exitosas campañas contra el tabaquismo, debido a que los cigarros suelen ser una “droga de entrada” al alcohol. “Pero fumar ya no está de moda y el tabaquismo adolescente se ha reducido drásticamente”.
Sugiere que los jóvenes criados en tiempos relativamente prósperos tienen más probabilidades de adoptar una “estrategia de vida lenta” en la que posponen muchas actividades de entrada a la edad adulta.
El estudio da pistas de que el cambio social llega por otras rutas que no son esencialmente las políticas públicas.
