Dinamitar el futuro
Se trata de una resistencia de miles de juristas que se defenderán por medio de la ley.
Andrés Manuel López Obrador dinamitó al menos dos años y medio del sexenio del siguiente gobierno. Fue un acto parecido al de aquellos que, queriendo causar dolor a los demás, terminan arrojándose a las vías del tren llenando de desgracia a los suyos. El golpe de Estado técnico que busca desmantelar al Poder Judicial ha logrado sacar a miles de trabajadores a la calle y unirlos con juzgadores, ciudadanos y empresarios, nacionales y extranjeros, bajo una sola advertencia: México no será un país seguro ni para invertir ni en el que se puedan garantizar los derechos humanos y mucho menos pacificar, porque el Estado de derecho no será una realidad.
El ánimo destructor alentado a sus adeptos ha excluido a quien será Presidenta. Como, además, va la militarización del país a toda costa, entonces habrá que encontrar un parámetro jurídico (internacional) para definir a México: una autocracia militar, es decir ¿una coalición de oficiales militares y burócratas que actúan pragmáticamente? Es muy probable, si el Ejército se mantiene en funciones administrativas.
Pero regresemos al tema central. Lejos de disolverse, el movimiento en defensa del Poder Judicial Federal no decrece, sino que por el contrario se va transformando en una resistencia jurídica más amplia, a la que se suman diversos sectores con causas diversas.
Los morenistas están acostumbrados a medirse en fuerza con el número de marchistas. Por eso el expresidente armaba concentraciones al día siguiente de una protesta de ciudadanos.
Pero estas protestas preocupan más al gobierno entrante porque no se disuelven con los granaderos, que nunca se fueron, o la policía militar que ahora hará su aparición. Se trata de una resistencia de miles de juristas que se defenderán por medio de la ley.
Y eso no pasa inadvertido para los capitales foráneos ni para el nuevo gobierno. La incertidumbre jurídica irá de la mano de la ausencia de inversiones y quizás se lleve el sexenio completo el desastre del sistema de justicia, si no se impone una gradualidad dialogada.
Llama mucho la atención aquellos sectores que opinan que pasando el 1 de octubre las cosas se van a matizar y un nuevo estilo se terminará imponiendo. Ese no es el problema, el verdadero es que no habrá sobre qué construir, porque no se le ha dejado, incluso, la opción de autodefinirse.
No obstante, dentro del gobierno que tomará el control existe una corriente que está llamando a la gradualidad de las leyes secundarias de la reforma y abrir un espacio de diálogo para procesarlas, con la finalidad de mandar un mensaje a los mercados. Dialogar no es rendirse. Hay llamados a la Presidenta a posibilitarlo.
¿Cuál es el origen de una, cada vez menos discreta, molestia del grupo entrante? Que los dos líderes de las bancadas del Congreso le mintieron a la titular del Ejecutivo entrante. Una persona que buscaba asumir con un posicionamiento de demócrata, tendrá que arrastrar actos de corrupción al peor estilo del pasado para comprar senadores y desmantelar al Poder Judicial.
¿Por qué la lucha se mantiene y cada vez el pueblo lo entiende? Porque no se democratiza un Poder Judicial, sino que se disminuye la democracia para todos y nos regresa al periodo de la oscuridad donde había que luchar por otros métodos.
¿Por qué el discurso del expresidente Ernesto Zedillo, que sin duda abrió paso a la democratización en contraposición de López Obrador, fue tan poderoso? Porque le habló a la comunidad internacional, al centro donde se hacen las grandes decisiones en términos de inversiones.
La Premio Nobel de la Paz 2011, Tawakkol Karman, se reunió en Monterrey con trabajadores del PJF. Alertó los riesgos de la democracia por la reforma judicial.
Ahí es donde López Obrador apuntó su escopeta. Veamos entonces, de qué tamaño será la pérdida, tal vez, un sexenio entero.
