La situación del bienestar animal en México es reflejo de nuestras deudas como sociedad. Se estima que entre 27 y más de 29 millones de perros y gatos viven en situación de calle en el país. Esta realidad no sólo evidencia un rezago en conciencia y responsabilidad social, también se traduce en problemas de salud pública, mayores gastos para los gobiernos locales, riesgos sanitarios y deterioro del entorno urbano.
Pero el desafío no es el mismo en todo el territorio mexicano. La Ciudad de México concentra una parte importante del problema, pues, aproximadamente, un millón 200 mil perros callejeros habitan la capital del país. Para ilustrar mejor el panorama: si distribuyéramos esa cifra entre las mil 812 colonias de sus 16 alcaldías, hablaríamos de entre 650 y 700 perros callejeros por colonia, en promedio. Por supuesto, la distribución real no es equitativa, ya que hay colonias más grandes o periféricas donde la presencia puede ser mucho mayor y otras donde es menor. Sin embargo, este ejercicio nos ayuda a dimensionar con mayor claridad el tamaño del reto. No obstante, más allá de las cifras, el fenómeno revela una cultura que aún no hemos logrado transformar. El abandono animal sigue siendo una práctica dolorosamente común en la CDMX y en el país. Muchos animales son adquiridos por impulso y sin conciencia y, cuando crecen o desarrollan conductas que sus dueños no saben manejar, terminan en la calle. Es cierto que la falta de recursos económicos es un factor que influye en miles de hogares, pero también pesa la desinformación y la débil cultura de la esterilización como responsable de que camadas no planeadas multipliquen el problema en cuestión de meses.
Frente a este panorama, desde el Congreso de la Ciudad y con el gobierno capitalino hemos decidido asumir el reto de convertir la ciudad en la más comprometida con el bienestar animal a nivel nacional. En el Poder Legislativo estamos trabajando a marchas forzadas para apoyar los albergues y refugios, mientras que el Plan Integral de Bienestar Animal presentado en diciembre de 2024 por la jefa de Gobierno, Clara Brugada, a poco más de un año de su anuncio, avanza en la construcción de clínicas públicas gratuitas, parques para perros, un nuevo hospital veterinario y un fondo de apoyo económico para albergues. ¿Qué puede lograrse con estas acciones? La experiencia en distintas ciudades demuestra que las campañas masivas, gratuitas y permanentes de esterilización son la herramienta más eficaz para reducir la sobrepoblación callejera en el mediano plazo. Cuando se combinan con educación comunitaria y promoción de la adopción responsable, los resultados son sostenibles. Los albergues y refugios, por su parte, cumplen una función estratégica al rescatar animales en situación de riesgo, rehabilitarlos, esterilizarlos y buscar un hogar para ellos, pese a que no siempre cuentan con los medios necesarios, pero con recursos suficientes y coordinación institucional, estos nobles lugares pueden ayudar a disminuir de manera tangible la proliferación de animales sin hogar en la vía pública.
En lo personal, el fondo de apoyo a albergues me parece especialmente relevante pues, durante años, muchas organizaciones han subsistido gracias a donaciones y voluntariado, enfrentando limitaciones económicas que afectan su capacidad de atención. Un respaldo financiero estable permitiría mejorar las condiciones de los animales resguardados y fortalecería las campañas de adopción, por lo que desde el Congreso nos aseguraremos de que dicho Fondo quede establecido de manera permanente en la ley y no se quede solamente como una política pública de la presente administración. Como legislador, pero sobre todo como amante de los perros y de todos los animales, estoy convencido de que estas apuestas pueden marcar un antes y un después para la capital. El bienestar animal no es un tema secundario, está vinculado con la salud pública, la convivencia vecinal y la imagen misma de nuestra ciudad. Si todas y todos ponemos de nuestra parte, podremos aspirar a una reducción progresiva de la población callejera de animales y, más importante aún, a un cambio cultural profundo.
