¿Consumir la vida en vanidades?
Juana Inés de Asbaje fue la poeta de lengua castellana más ilustre. Lo fue en el sentido estricto de la palabra, es decir: la más docta. Es una de las escritoras de mayor excelsitud en el siglo XVII y en los que le sucedieron. Fue, además, una entendida
de la naturaleza humana, pero especialmente conocedora de las debilidades que le son intrínsecas. Ejemplo de ello es este soneto, en el cual, con la gran inteligencia que le caracterizó, localiza de manera precisa algunas de esas debilidades y, de manera destacada... ¡la vanidad!
Veamos:
¿En perseguirme, mundo, qué interesas?
¿en qué te ofendo, cuando sólo intento
poner bellezas en mi entendimiento
y no mi entendimiento en las bellezas?
Yo no estimo tesoros ni riquezas,
y así, siempre me causa más contento
poner riquezas en mi entendimiento
que no mi entendimiento en las riquezas.
Yo no estimo hermosura que vencida
es despojo civil de las edades
ni riqueza me agrada fementida,
teniendo por mejor en mis verdades
consumir vanidades de la vida
que consumir la vida en vanidades.
Magnífico, espléndido en todos los sentidos, pero me atrevo a citar a Juana de Asbaje para resaltar, por ahora, su claridad sobre el comportamiento de las personas. Es oportuno hablar de la vanidad (esta debilidad humana) porque ahora, en estos días y semanas, la vanidad será no sólo uno de los comportamientos humanos que exhaustivamente se estudian en los centros de investigación de la psique; no sólo estará presente en los archivos de los consultorios de los siquiatras, sino, además, y de manera muy importante, presente en la mesa de las reflexiones de... los líderes políticos más influyentes de nuestro país.
Esto no debiera sorprendernos, pues la vanidad es una acompañante muy frecuente de la política y los actuales son tiempos políticos. Pero quizás estoy siendo reservado, pues sabemos que la vanidad es algo inevitable en el comportamiento de los seres humanos y, por ello mismo, es la vanidad una parte ineludible del comportamiento del zoon politikon.
No debiéramos suponer que la vanidad frecuenta en ocasiones a la política; debiéramos afirmar, convincentemente, que es su eterna acompañante.
Así es, pero, como dice Juana de Asbaje, lo verdaderamente trascendente para las personas se encuentra determinado por nuestra capacidad para evitar que lo vano (vanidad y vano son palabras que tienen un mismo origen etimológico) se imponga en nuestro comportamiento vital; evitar que nuestra vida se consuma en la hoguera de las vanidades.
Si esto es cierto para la vida en general, entonces lo es para la política y, sin exagerar, es un asunto de vida o muerte (políticamente hablando, desde luego).
Esto es: en el asunto del Frente Amplio que se está reflexionando, discutiendo y analizando entre los líderes de la oposición al régimen priista, ¿qué saldrá avante? ¿Serán las vanidades de los líderes partidarios y las de los líderes sociales o será la política? ¿Los estrechos intereses partidistas o el interés superior del país y de la gente?
¿Qué es lo que ganará?, ¿lo vano o lo trascendente?
Los liderazgos del PRI y del gobierno ya ponen en práctica toda clase de artilugios para que entre los líderes de la oposición prevalezca la vanidad por sobre la razón política. Ello propiciaría que el voto, en la elección del año próximo, se disperse entre múltiples opciones y, con ello, aumenten las posibilidades de triunfo del candidato priista. Me temo, además, que AMLO anda en las mismas y prende, exaltado, veladoras para que la vanidad nuble el pensamiento de los líderes de la oposición democrática.
¿Qué es lo que saldrá avante?
