Ventaja de los gobernantes
Para bien o para mal, han comenzado las precampañas, tanto del partido en el gobierno como de los partidos de oposición, y vale la pena comentar algunas de las implicaciones de los esquemas que se han propuesto para seleccionar a sus respectivas candidaturas ...
Para bien o para mal, han comenzado las precampañas, tanto del partido en el gobierno como de los partidos de oposición, y vale la pena comentar algunas de las implicaciones de los esquemas que se han propuesto para seleccionar a sus respectivas candidaturas presidenciales.
Por principio de cuentas, recordemos que un problema general de las democracias del mundo es que los partidos o grupos políticos en el poder suelen competir con ventaja en las contiendas electorales. Es por ello que tanto la alternancia como la fragmentación del poder son dos indicadores frecuentes de transición o consolidación democrática.
Esta ventaja se debe a que la población suele conocer mejor el nombre y rasgos de personalidad de los gobernantes que de los retadores: una especie de reconocimiento de marca, como dicen en mercadotecnia política.
Por otro lado, los gobernantes tienen cierto liderazgo y experiencia en sus cargos, mismos que fueron premiados o valorados por el electorado en una primera elección, y que esto bien puede volver ayudarles cuando buscan la reelección. En tercer lugar, los gobernantes tienen acceso a los cuantiosos recursos del erario y redes de apoyo que pueden ser más densas que las de la oposición.
Esta natural ventaja de los gobernantes puede acrecentarse cuando hay un abuso de los recursos públicos, alguna forma de manipulación de la contienda electoral, o cuando los árbitros electorales están capturados o sesgados a favor del gobierno. De ahí la importancia de la transparencia y rendición de cuentas en el ejercicio de los recursos, más allá de contar con árbitros electorales autónomos y confiables.
Esta ventaja no es invencible, como bien lo ilustran los episodios de alternancia alrededor del mundo, pero debe ser atemperada mediante elecciones libres y justas. Es por todas estas razones que en muchas democracias se prohíbe o limita la reelección, se delega la organización de las elecciones a organismos autónomos.
En un escenario hipotético en el que las campañas duraran tan sólo unos pocos días, o el gasto de campañas estuviera completamente prohibido, la consecuencia esperable sería darle mayor una ventaja al partido en el gobierno. Siguiendo la misma lógica, reducir la duración de las campañas o tener topes de gasto de campaña relativamente bajos, podría darle una mayor ventaja al gobierno.
Las campañas electorales permiten una deliberación pública en la que el electorado tiene oportunidad de contrastar las ventajas y desventajas de una u otra alternativa política. Sin embargo, difundir información sobre la identidad y la plataforma de algún candidato o partido político es costoso.
Tomando en cuenta todo lo anterior, no es de extrañar que el excanciller Marcelo Ebrard exigiera que todos los precandidatos de Morena renunciaran a sus cargos y contar con cierto periodo para hacer campaña con ciertas reglas más o menos claras y vinculantes.
Si las autoridades electorales le prohibieran firmemente a Morena continuar con la precampaña que está en marcha, la consecuencia más probable sería que Claudia Sheinbaum, puntera en las encuestas entre el oficialismo, asegurara la candidatura del partido.
Los mecanismos planteados en ambas precampañas también inducen ganadores y perdedores relativos. Por ejemplo, requerir que los precandidatos recaben miles de firmas en un periodo relativamente corto, favorece a las precandidaturas más conocidas o que estaban más establecidas hasta este momento, o bien a los partidos políticos con más estructura territorial.
Seleccionar candidatos mediante encuestas sin que haya oportunidad de que los suspirantes contrasten o debatan sus propuestas también favorece a ciertos perfiles por encima de otros. Decidirlo en una elección primaria directa, también.
Las elecciones primarias no son una panacea, pero son un mecanismo democrático. El que ningún partido político en México sea capaz de organizar una elección primaria abierta de manera confiable dice mucho del camino pendiente.
