Los votos del Presupuesto de Egresos

¿Cómo puede interpretarse que los presupuestos de este sexenio hayan tenido menor apoyo legislativo que los de los tres sexenios anteriores?

La semana pasada, la Cámara de Diputados aprobó, en lo general, el Presupuesto de Egresos de la Federación para el año 2022, con 274 votos a favor y 219 en contra —como sabemos, el Presupuesto es facultad exclusiva de esta Cámara. Por otro lado, en octubre pasado se aprobó la Ley de Ingresos con 267 votos a favor y 210 en contra en San Lázaro, mientras que en el Senado recibió 69 votos a favor y 38 en contra.

En una democracia representativa, ¿qué Presupuesto de Egresos puede considerarse “mejor”, uno aprobado por la mínima mayoría —la mitad más uno de los votos presentes— o bien, uno aprobado por una mayoría holgada, digamos mayor a dos tercios de la Cámara? Desde un punto de vista de teoría democrática, podría afirmarse que un Presupuesto aprobado por una coalición más amplia de legisladores es preferible a uno aprobado por una estrecha mayoría: en la medida en que el presupuesto atiende o responde a los intereses de un mayor número de distritos o inclusive de fracciones parlamentarias, podría hablarse de una coalición más incluyente. Sin embargo, desde un punto de vista procedimental, ambos presupuestos serían legales y legítimos, puesto que contarían con el umbral de votos requerido por la ley.

Sin embargo, no existe un único criterio o punto de vista para evaluar un Presupuesto de Egresos. Desde un punto de vista de eficiencia económica o bien desde el punto de vista del impacto social del gasto, la calidad de un presupuesto puede ser independiente de la magnitud de la coalición que lo aprobó. Por ejemplo, una coalición muy amplia de legisladores podría estar de acuerdo en endeudar a todo un país con tal de que cada distrito recibiera una mayor cantidad de gasto público durante un año dado. Por otro lado, una coalición mínima ganadora podría aprobar un presupuesto que favoreciera preponderantemente a los distritos o regiones gobernadas por el partido en el gobierno. De modo que, para evaluar el Presupuesto de Egresos, hace falta analizarlo desde diferentes puntos de vista.

¿Qué nos dicen los datos de años recientes? Según el análisis de Julio Téllez del Río, politólogo experto en procesos legislativos, durante el sexenio de Vicente Fox, los presupuestos de egresos recibieron, en promedio, 397 votos a favor y 60 votos en contra (noten que no siempre hay quorum completo en estas sesiones). Por otro lado, durante el sexenio de Felipe Calderón —un presidente que llegó al poder con apenas 35.9% de votos—, los presupuestos de egresos recibieron 441 votos, en promedio. En contraste, durante el sexenio de Enrique Peña Nieto —un presidente cuya coalición contó con una estrecha mayoría en San Lázaro a lo largo de su mandato—, los presupuestos de egresos tuvieron un promedio de 445 votos a favor y 26.8 votos en contra.

Los últimos tres sexenios tuvieron gobiernos divididos o sin mayoría. ¿Qué ha ocurrido en este sexenio? En los cuatro presupuestos aprobados por la Cámara de Diputados desde el triunfo de López Obrador, el promedio de votos a favor ha sido de 301. De hecho, el Presupuesto de Egresos para 2022 apenas consiguió 274 votos a favor, en lo general, y 219 votos en contra.

Desde 1994, digamos, desde que las elecciones son competitivas y crecientemente confiables, ningún presidente había recibido tantos votos ni había conseguido tal apoyo legislativo como el actual. Y, sin embargo, el Presupuesto de Egresos para 2022 recibió el menor número de votos a favor en nuestra era democrática. ¿Cómo puede interpretarse que los presupuestos de este sexenio hayan tenido menor apoyo legislativo que los de los tres sexenios anteriores? ¿Por qué los presidentes anteriores no eligieron aprobar presupuestos con mayorías tan estrechas como el de ahora?

El gobierno argumenta que las mayorías legislativas del pasado se tejían a costa de corrupción. Puede ser. Ahora bien, ¿cómo podemos saber si los presupuestos recientes son en realidad mejores que los del pasado, y que no se trata de una decisión política excluyente? ¿Tenemos hoy más transparencia o una mejor evaluación del gasto público?

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