Las dimensiones de la pobreza

La población en situación de pobreza extrema pasó de 7% a 8.5%, un aumento de 8.7 a 10.8 millones de personas.

De acuerdo con la Ley General de Desarrollo Social, aprobada en 2004 por unanimidad de las fuerzas políticas, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) coordina la evaluación de las políticas y programas sociales, y establece lineamientos y criterios para medir la pobreza en México con transparencia, objetividad y rigor técnico. Desde 2014, Coneval se volvió un órgano constitucional autónomo.

La primera medición multidimensional de la pobreza se realizó en 2008. Gracias a estos criterios, el Coneval produjo una serie de indicadores comparables a lo largo de diez años, entre 2008 y 2018. En 2018 se revisaron y actualizaron los lineamientos y la metodología para la medición multidimensional de la pobreza en México. El insumo central para estas mediciones es la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), cuya última edición fue levantada por el Inegi entre agosto y noviembre de 2020. Con estos insumos, el Coneval inició una nueva serie que permite comparar las mediciones de la pobreza de 2018 con las de 2020.

Por un lado, el Coneval estimó una línea de pobreza por ingresos para agosto 2020: $3,559.88 en zonas urbanas y $2520.16 en zonas rurales. Por otro lado, la medición multidimensional de la pobreza considera factores como: rezago educativo promedio en el hogar, acceso a los servicios de salud, acceso a la seguridad social, calidad y espacios de la vivienda, acceso a la alimentación, entre otros.

De acuerdo con el más reciente informe de Coneval, entre 2018 y 2020, la población con ingresos inferior a la línea de pobreza pasó de 49.9% a 52.8%, es decir, pasó de 61.8 a 66.9 millones de personas. En cuanto al indicador de pobreza multidimensional, entre 2018 y 2020, la población en situación de pobreza pasó de 41.9% a 43.9%, al pasar de 51.9 a 55.7 millones de personas. La población en situación de pobreza extrema pasó de 7% a 8.5%, un aumento de 8.7 a 10.8 millones de personas.

Para algunos, estas cifras son evidencia del fracaso de la política social del nuevo gobierno. Para otros, estas cifras son evidencia de que, si no fuera por los nuevos programas sociales del gobierno, la pobreza hubiera aumentado aún más dado el contexto de recesión y pandemia observado en 2020. Por desgracia, ambas interpretaciones son incompletas e incorrectas. Por un lado, la medición de la pobreza de Coneval no equivale a una evaluación precisa de cada programa social. Por otro lado, si bien la pandemia tuvo un impacto en un gran número de hogares, esto no se traduce de manera automática en una carta en blanco para los programas sociales existentes, mismos que no cambiaron ante la crisis.

Como sabemos, al inicio del sexenio de López Obrador se crearon y/o se eliminaron diferentes programas sociales (por lo que modificaron los cuestionarios de la ENIGH en 2020). Por ejemplo, desapareció el programa Prospera (antes Oportunidades o Progresa). En su lugar, se crearon programas de becas la educación básica, media superior y superior, se fortalecieron los apoyos para personas adultas mayores. En cuanto al acceso a servicios de salud, anteriormente se preguntaba si las personas estaban afiliadas al seguro popular.  Tras su desaparición, ahora se preguntó si las personas tenían acceso al Insabi

Toda vez que los montos pagados, población objetivo, reglas y criterios de elegibilidad entre unos y otros programas son muy diferentes, no es sencillo saber si los beneficios de los nuevos programas sociales son equivalentes, mayores o menores a los beneficios de los programas previos. Si un programa social no llega a la población más pobre, o bien si se promete un programa universal, pero en los hechos, éste solo llega de manera sesgada, es probable que este programa no alivie la pobreza extrema o no atempere la desigualdad. En cuanto a política social, no bastan las promesas ni las buenas intenciones, sino los resultados.

Temas: