Economías desconectadas
A pesar del gasto en programas sociales universales y los aumentos en salarios mínimos que se ha impulsado en años recientes, un día tras otro conocemos protestas y movilizaciones de diferentes sectores económicos: movilizaciones campesinas exigiendo aumentos en los ...
A pesar del gasto en programas sociales universales y los aumentos en salarios mínimos que se ha impulsado en años recientes, un día tras otro conocemos protestas y movilizaciones de diferentes sectores económicos: movilizaciones campesinas exigiendo aumentos en los precios de garantía, transportistas exigiendo aumentos en las tarifas o piperos demandando aumentos en los precios del agua.
¿Cómo explicar esto cuando el gobierno es tan popular? Existe una poderosa razón detrás de todo esto: la economía mexicana no está creciendo lo suficiente. A finales de este mes se dará a conocer la estimación oportuna del PIB para el tercer trimestre del año. Sin embargo, los indicadores preliminares del Inegi sugieren que el crecimiento económico durante 2025 difícilmente superará 1% anual.
Luego de seis meses consecutivos de retrocesos, el sector industrial está en franco declive. Por su parte, el sector servicios tiene un crecimiento modesto, alrededor de 1% anual, mientras que el sector agropecuario es el único que ha tenido un crecimiento mayor a 10% anual. Por lo tanto, no sorprende que el crecimiento del empleo formal en México sea tan mediocre.
Las políticas migratorias y arancelarias del presidente Trump también tienen impactos directos en la economía mexicana. Los flujos de remesas hacia México, una de las mayores fuentes de divisas del país y un apoyo clave para miles de hogares, han disminuido por más de cinco meses consecutivos. Según cifras del Banco de México, las remesas han disminuido 8.3% respecto al año pasado.
Las políticas de Trump, tales como redadas contra migrantes indocumentados y controles fronterizos más severos, también han afectado los mercados laborales en EU y esto ha beneficiado a ciertos sectores exportadores mexicanos, pero las recurrentes amenazas arancelarias siguen castigando el comercio entre ambos países.
Si la economía mexicana no crece a tasas mayores a 2% —es decir, a tasas mayores de los promedios de los gobiernos neoliberales a menudo menospreciados en cada conferencia de prensa—, los avances logrados por la política salarial y los programas sociales no serán sostenibles. Tampoco será sostenible la creciente carga fiscal de pensiones y transferencias.
El panorama en EU tampoco es halagüeño. Durante el primer trimestre del año, el PIB norteamericano disminuyó 0.6%, sin embargo, para el segundo trimestre tuvo una recuperación de 3.8% anualizado: las políticas arancelarias de Trump han castigado las importaciones y aumentado el consumo de bienes domésticos, pero cada vez a mayores precios.
Desde hace algunos años, diversos analistas han señalado que la economía mexicana y la estadunidense se han desacoplado o desconectado: ya no basta el crecimiento económico del vecino del norte para jalar a la economía mexicana.
Por su parte, la propia economía de EU también está viviendo un proceso de desvinculación a su interior. Si no fuera por el crecimiento del sector tecnológico y el boom de la industria de la inteligencia artificial, es probable que EU se encontrara ya en una recesión.
Los mercados de valores en Nueva York alcanzan niveles históricos a pesar de las malas políticas de Trump —en gran medida gracias al sector tecnológico, crece el consumo de energía y la inversión—, pero crecen mucho menos los empleos. De hecho, hay un riesgo muy real de que la expansión de la inteligencia artificial destruya empleos antes de mejorar el bienestar de los hogares.
Tanto el mercado de bienes raíces como el endeudamiento de los hogares para hipotecas y consumo de bienes y servicios dan señales preocupantes de notables aumentos en el costo de vida, que son superiores a las tasas de inflación tradicionales. Es posible que EU pueda seguir siendo una potencia económica mundial, pero con hogares cada vez más empobrecidos.
Una mayor integración entre las economías de ambos países sería ventajosa para los hogares de ambos países. Un mandatario se opone firmemente a ello y otra tampoco ha dado señales claras ante los inversionistas nacionales y extranjeros.
