Debates presidenciales
Será este domingo la primera vez en que podamos contrastar directamente las propuestas, la personalidad e inclusive las críticas de cada candidatura
Este domingo 7 de abril se realizará el primero de tres debates presidenciales que organizará el INE este año. En cada debate se enfatizarán temas distintos. En este primer ejercicio se discutirán temas como educación, salud, transparencia y combate a la corrupción, discriminación y violencia de género, mientras que en los debates subsecuentes se enfatizarán otros temas.
Además de ello, cada debate tendrá un formato diferente. En el primero se privilegiarán preguntas recabadas mediante redes sociales. En el segundo se permitirán preguntas directas de parte de la ciudadanía. Finalmente, en el tercer debate se privilegiará la discusión cara a cara entre las tres candidaturas.
Será este domingo la primera vez en que podamos contrastar directamente las propuestas, la personalidad e inclusive las críticas de cada candidatura. Suele pensarse que quienes llevan la delantera en las intenciones de voto les conviene ser cautas y jugar a la defensiva, mientras que quienes van debajo están obligadas a arriesgar o atacar más a las primeras. Un ejemplo de lo anterior ocurrió en los debates por la gubernatura del Estado de México el año pasado. Sin embargo, ésta no es una regla general, como pudo apreciarse en el primer debate por la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México hace algunas semanas, donde los ataques recíprocos evidenciaron lo reñido de la contienda.
A lo largo de su larga campaña, Claudia Sheinbaum ha sido muy cauta en las entrevistas que ha concedido y ha sido renuente a presentarse en foros que considera incómodos o arriesgados. Además de ello, es notable cómo la candidata puntera hace esfuerzos por no contradecir en ningún momento la abigarrada retórica presidencial, incluso cuando ésta va a contrapelo del perfil académico o científico que ella ha intentado enfatizar. Aunque Sheinbaum tenga ventaja en el promedio de las encuestas, estas restricciones podrían resultarle costosas en los debates.
En contraste, Xóchitl Gálvez ha tomado más riesgos a lo largo de su campaña: ya sea al dar más entrevistas, al cuestionar a Sheinbaum y al Presidente mismo —quien día tras día ha fungido como el principal vocero y estratega de la campaña oficialista— y enfrentar públicos que pueden ser muy críticos, como los foros universitarios. El reto de Gálvez será múltiple: darse a conocer, presentar propuestas claras y persuasivas e intentar hacer mella en las vulnerabilidades de la puntera.
Hay quienes dicen que los debates no alteran en gran medida las intenciones de voto. De hecho, hay quienes argumentan que las campañas electorales tienen efectos mínimos en los resultados electorales. Sea como fuere, en México, las últimas cuatro campañas presidenciales han mostrado importantes cambios en las intenciones de voto medidas por las encuestas. Así, en 2000 y 2006 hubo cambios de tendencias que coincidieron con los debates presidenciales. Por otro lado, en 2012 y 2018 el candidato puntero no cambió antes y después de los debates, pero sí su ventaja sobre el segundo lugar —y esto pudo tener consecuencias importantes en el voto por el Legislativo, por ejemplo.
La evidencia sobre los debates presidenciales en Estados Unidos sugiere que éstos pueden tener efectos en alrededor de un 14% de los votantes, sobre todo entre los así llamados votantes indecisos. Es más probable que un indeciso se incline por cierto candidato tras presenciar un debate o que su favorito original le genere dudas, a que un votante cambie su intención de voto de un candidato hacia otro, por ejemplo.
Estos efectos son mayores en los debates de elecciones primarias que en las generales, y pueden ser más pronunciados cuando, al menos uno de los contendientes es poco conocido, cuando hay muchos votantes indecisos, cuando la contienda luce reñida, o bien, cuando las lealtades partidistas son más débiles. Por último, también existe evidencia de que los debates pueden afectar la eficacia de la información política, es decir, la confianza que tiene un elector de que cuenta con la suficiente información para acudir a las urnas e, incluso, intentar persuadir a otras personas.
