Un camino para pensar (parte II)
Ser un peregrino en la Edad Media era combinación de devoción espiritual, resistencia física y disposición. El viaje estaba plagado de desafíos y peligros. El profundo sentido de fe, comunidad y cumplimiento lo convirtió en una experiencia transformadora y definitoria para los peregrinos medievales
Hay momentos en que no hay hacia dónde ir, sino sólo seguir caminando, como mientras se cruza una montaña y el poblado más cercano está a tres horas y lo único que podíamos hacer era continuar hacia adelante sobre los propios pasos. En la memoria del cuerpo surge un aprendizaje intrínseco de que no hay posibilidad de salir de ningún lugar si no es caminando, aún si no se está cierto de cómo se logrará. La mayoría de las ocasiones, las personas están pensando en estar listas para llegar, cuando en realidad sólo tienen que estar listas para salir.
Hay personas que caminan con un propósito, así es más fácil tomar energía. Desde la Edad Media se recorren los Caminos de Santiago, caminos en plural porque en realidad son varios los recorridos. En aquel entonces, la gente caminaba para pedir por alguien, para que algo sucediera, para curarse de algo o como ofrenda en gratitud. Caminaban tanto ricos como pobres. Ser un peregrino en la Edad Media era combinación de devoción espiritual, resistencia física y disposición. El viaje estaba plagado de desafíos y peligros. El profundo sentido de fe, comunidad y cumplimiento lo convirtió en una experiencia transformadora y definitoria para los peregrinos medievales.
Cuando se recorren esos caminos se va sobre los pasos que personas que nos antecedieron ciertos de años; en cierto sentido, es una manera de honrar a las generaciones que nos antecedieron.
¿Cómo llegué a organizar ese camino? Aún no lo sé, sólo sé que de repente quise hacerlo, vi una ventana, invité amigos, conocidos y conocidos de conocidos y, de repente, ya éramos varios caminando. La experiencia en comunidad es muy importante. No todos caminan al mismo ritmo, se distingue pronto a quienes caminan rápido, son los que están acostumbrados a ir rápido en la vida. Están a quienes les cuesta quizá un poco más de trabajo llevar el ritmo. Todo eso forma parte del aprendizaje. Nos encontramos en un mundo en el cual algunos van demasiado rápido y piensan en llegar y quizá se están perdiendo de lo que disfrutan esos que van más lento y están más pendientes del presente y menos del objetivo. Aprender a caminar juntos es también un arte. Ya sea en una pareja, en una familia, en un grupo de amigos y, por supuesto, entre un grupo de conocidos.
La flexibilidad es algo que también ejercitas y de no tenerla la aprendes. La flexibilidad es una de las habilidades más importantes a desarrollar en el mundo de hoy, se trata de poder leer el contexto, poder entender cuáles son las oportunidades. Sobre todo, en un mundo que se mueve tan rápido, que parece que habías encontrado como adaptarte a una situación y que cambia de contexto. La flexibilidad es lo que permite una mejor adaptación en cada circunstancia de la vida. Por ejemplo, para satisfacer las necesidades básicas de sueño y comida. En ocasiones, los hospedajes eran muy sencillos y uno se percata de que lo importante es una cama y un lugar calientito para guarecerte. Y de pronto la vida te sorprende y el hospedaje resulta ser un caserío antiguo que alguien pudo restaurar en una bella nostalgia del pasado. La vida pues no es una sola forma de dormir o de comer.
Acerca del cansancio del cuerpo, muchas veces se despierta el miedo. Miedo al dolor nos hace prepararnos de más. Algunos piensan llevar un par de zapatos extra caminar, por si se ampollan. Esos zapatos pueden ser de un kilo y si tu maleta pesa cinco kilos, cargarlos representa 20% del peso total. ¿Estás dispuesto a ocupar la quinta parte de tu maleta, o del peso de tu m aleta por si lo llegas a necesitar?
Esta decisión se parece a la vida. Hay momentos que estás tan agotado que no sabes cómo seguir. Entonces, aprendes a escucharte; quizá ése es un buen momento para parar, pero no parar de vivir sino de seguir caminando.
- Cada camino es diferente, porque, aunque el paisaje parezca igual, nunca lo será, sobre todo porque tú nunca serás el mismo. Entre las cosas que aprendí al hacer el Camino de Santiago, es que sigo descubriendo, está claro que el camino sigue estando de regreso en casa. Y ahora sé que quiero seguir caminando, toda la vida.
