Tejer y vivir
Nosotros hacemos vida de la nada. Por ejemplo, del tiempo que tenemos, lo utilizamoso lo dejamos ir, pero pareciera que tejer es algo de la magia, aquí donde no había nada,es decir, sólo dos hilos, se puede ver algo con un carácter, con un patrón o diseño,con un volumen y una textura.
Tejer, dice la RAE, es formar en el telar la tela con la trama y la urdimbre. Éste es un gran ejemplo de cómo el significado puede empobrecer una palabra.
Los tejedores de alfombras lo saben bien, porque tejer un tapete es construir un diseño, elegir un patrón, escoger los colores, montar el telar y comenzar a anudar. Una alfombra no se puede terminar en un día. Es una toma de decisiones constante, aunque a veces parece automática.
Israfi viene de la región Kurda de Turquía, domina varios idiomas y vio a su abuela tejer durante años. Ella no sólo tejía, sino que hablaba con él del dolor que le causaba el abuelo, de alguna infidelidad cometida. Israfil no entendía mucho, pero sabía que su abuela estaba muy enojada. En ese tapete estaba enhebrado un hilo quizá invisible, del que la abuela no era consciente, pero que la acompañaba con tristeza, frustración o coraje. Sin embargo, con ese mover de sus dedos, acompañada de esas emociones que calaban en lo profundo, ella iba produciendo un tapete que queda ahora en su familia para pensar en algo lleno de vida y color.
Nosotros hacemos vida de la nada. Por ejemplo, del tiempo que tenemos, lo utilizamos o lo dejamos ir, pero pareciera que tejer es algo de la magia, aquí donde no había nada, es decir, sólo dos hilos, se puede ver algo con un carácter, con un patrón o diseño, con un volumen y una textura. Podemos tejernos un tapete o una telaraña dependiendo de si en el presente estamos ocupados en videojuegos o haciendo ejercicio, esos suenan a momentos para atravesar el presente; tejer es hacer del tiempo, de hilos y de destreza. Así, a cada uno le entregan un par de hilos y después ve qué va haciendo con ellos. Algunos buscan conservarlos tan bien que, al final de la vida, tienen dos hilos intactos, perfectos, y pasarán a continuación dos hilos a la generación que sigue. De su vida quizá también habrán hecho eso: únicamente dos hilos.
Hay otras personas que con esos dos hilos se ponen a jugar, a ensayar nudos, mientras más tiempo le dedican a experimentar van a lograr poder hacer algo parecido a una superficie. Una textura. Algunos imaginan planes, caminos, deciden estudiar más de una cosa o de otra, eso comienza a formar un tejido especial en esa mezcla de hilos, no cualquiera, la de ellos. No es ni mejor ni peor, ni buena ni mala, es la de ellos. En su camino deciden ponerse al servicio de otros o quizá también invitan a otros a tejer. Mientras más hilos se puedan incluir, más colores se tendrán. En otras ocasiones con eso que nos es dado no se hace nada, con ese tiempo que nos es dado no sucede nada, sólo se consume el tiempo, sin creatividad, sin errores, sin nudos.
Los errores también son parte de las alfombras. Hay algunas que parecen sin ningún desperfecto. Sin embargo, lo tienen y siguen siendo verdaderas obras de arte. Quizá todo esto se parece a la vida misma: uno puede ir planeando y diseñando, pero nada garantiza que se llevan a cabo de esa manera. Una diferencia importante es que la vida no es nunca una alfombra terminada, sino siempre en progreso, en cambio.
Tomando la metáfora de las alfombras, y la vida de nuevo, nos podemos preguntar por qué alguien no querría tejer su vida, sino pasarla con dos hilos y entregarla igual, sin ningún tejido, sin ninguna marca de su paso por la tierra.
Si comparamos una alfombra con la vida podemos pensar que tiene hilos horizontales y verticales. Los verticales son algo así como los planes que imaginas para tu vida, cuando no hay planes es difícil tejer, pero también puede hacerse; lo nudos, por otro lado, en las alfombras turcas sería el presente. Así, esa línea horizontal que hay que anudar uno a uno para después pasar al siguiente nivel, ese es nuestro presente. En muchas ocasiones intentamos apurarlo, hacer que el tiempo dure menos, pero es imposible, es incluso absurdo: ¿Es posible que el tiempo dure menos? No, dura lo que dura y si buscamos apresurarlo caeremos quizá en un defecto de fábrica, tejer sin vivir. Así, el tejer desarrolla un temple particular que se requiere para caminar en esta vida.
En un mundo como el de ahora, complicado, complejo, en el que nos es difícil encontrarle el patrón o buscarle uno nuevo, necesitamos seguir tejiendo, no podemos dejar de hacerlo, no podemos perder los hilos o soltarlos. Sostener los hilos que permiten que algo se realice posteriormente. Le pregunto al lector: ¿está pudiendo hacer algo con su vida o sólo está cuidando dos hilos y está dispuesto a entregar únicamente esos dos hilos?
