Malestares de fin de año

La tristeza es un estado emocional necesario tras una pérdida. En la vida se presentan muchas pérdidas y la salud mental está relacionada con la manera en que se llevan.

Diciembre suele ser difícil por varios motivos; el principal: porque se asocia con el cierre de ciclos —como si los seres humanos fuéramos estaciones y nos llegara el invierno—, pero esto se convierte en una condena que pesa. Otra situación que complejiza el momento  es la demanda social de estar feliz en familia. Es cierto que la familia es la base nuclear de la sociedad, a través de la que se transmiten valores, ideales y se convive, por lo general, la mayor parte del tiempo social. Sin embargo, también es donde se juegan las emociones más intensas.

Así, podemos encontrar malestares que quizá son la punta del iceberg de crisis que se acentuaron con el fin de año. Vale la pena enumerarlos para ver si el lector se puede identificar con alguno o algunos de ellos:

Ansiedad. Es una sensación corporal de mucha inquietud acompañada de un estado de alerta, como si algo peligroso fuese a pasar. En condiciones normales los síntomas de la ansiedad son imperceptibles; sin embargo, cuando se intensifica es más complicado concentrarse, incluso puede aumentar la tensión muscular, al grado de generar contracturas.

Tristeza. Es un estado emocional necesario tras una pérdida. En la vida se presentan muchas pérdidas y la salud mental está relacionada con la manera en que éstas se llevan. Si no se siente tristeza es probable que se esté transitando por un proceso de negación que sólo puede empeorar las cosas, puesto que los efectos reales de la pérdida están derivados hacia otro tipo de comportamiento. La tristeza permite pensar que algo está pasando dentro de uno.

Desesperación. Esto consiste en pensar que nunca va a suceder lo que se espera. Muchas veces al terminar al año se piensa en todo lo que no se hizo, es común que las personas tengamos poca capacidad de reconocer lo que sí logramos hacer. Esto genera una enorme sensación de desesperanza para muchos, cuya idea inmediata es dejar de desear algo porque tienen una cuasi certeza de que no se cumplirá.

Cansancio. Vivimos en una sociedad que está cansada. Una sociedad muy exigida sobre lo que se debe hacer en muchas áreas para llevar una vida balanceada: trabajo, familia, amistades, solvencia económica, salud física, salud mental y todo estando feliz y motivado. Sólo la presión de tener todas estas áreas qué cumplir genera un cansancio muy grande. Pero, además, cuando hay malestar (como los mencionados en esta breve lista), la mente pone energía detrás de superar ese malestar, ya sea para olvidarlo o matizarlo, generando un cansancio real por el año trabajado. También el pensar cansa mucho.

Irritabilidad. Es una vía que se utiliza para expresar emociones muy intensas como la ira o la cólera. Generalmente éstas no son conscientes y, al no haber sido elaboradas, se encuentran encubiertas, lo cual genera momentos explosivos que se pueden expresar en aumentos de la presión sanguínea o del ritmo cardiaco; sobre todo como una falta de paciencia e intolerancia que lastima las relaciones con aquellas personas que se encuentran cercanas y que son las más importantes para el individuo.

Dolores en el cuerpo. El cuerpo es un lienzo en blanco para expresar las emociones que no pueden ser elaboradas de otra manera. De esta forma, se puede llegar en este periodo con dolores intensos de espalda, colitis, taquicardia, dolor de pecho, dolores musculares, jaquecas, etc. Estos malestares van más allá de la postura, la edad o el frío están conectados con el cierre de un ciclo.

Si el lector ha experimentado alguno de estos síntomas de manera muy intensa; es decir, más fuerte de lo que se le presentan en otras ocasiones, es importante que considere que quizás está atravesando una crisis. Si es así, lo más importante es reconocer que aquello que le sucede no es necesariamente normal. Este primer acto es particularmente difícil porque requiere pensar y cuando uno está cansado, irritado, triste o con dolores en el cuerpo no tiene “mente” para pensar. Y ¿de qué otra manera se puede salir de un circuito si no es por la vía del pensamiento? No olvidemos que pensar nos ayuda a nombrar, así los fantasmas no son invisibles. ¿Tiene usted tiempo para pensar… para pensarse? O, ¿está dispuesto a cargar los mismos fantasmas el siguiente año y el siguiente y el siguiente?

La pregunta ineludible es: ¿tiene tiempo o espacio mental para darle sentido a lo que le está pasando? Y, de ser necesario, ¿es el lector capaz de pedir ayuda? Mientras piensa en todo esto, le deseo un feliz 2025 lleno del arte de pensar.

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