Las víctimas olvidadas de la dictadura

Por Marisol Escárcega

No es de extrañar que cuando un país entra en una situación difícil, llámese guerra civil, intervención extranjera o dictadura, las primeras personas en perder sus garantías fundamentales son las mujeres.

En el caso de Venezuela, desde 1999, cuando Hugo Chávez llegó al poder, los derechos de las mujeres empezaron a vulnerarse más. Desde entonces, se han enfrentado a muchos obstáculos, por ejemplo, siete de cada 10 carecen de servicio de agua, lo que limita su limpieza, sobre todo durante su menstruación, y en la preparación de alimentos.

Diversas organizaciones han dado cuenta de la crisis humanitaria que se vive en Venezuela desde hace 27 años. Cáritas, Programa Venezolano de Educación Acción en Derechos Humanos (Provea) y el Sistema de Alerta y Atención en Nutrición y Salud (SAMAN) reportaron que al menos 3.7 millones de venezolanos sufrían desnutrición, lo que ha disparado la mortalidad infantil.

También, las venezolanas se han enfrentado a la escasez de anticonceptivos, lo que ha incrementado los embarazos no deseados, así como los abortos y las infecciones de transmisión sexual, además de una nula atención prenatal y posnatal.

Un informe de la ONU reveló que si bien las mujeres suelen estar “en primera línea de la lucha por la verdad, la justicia y la reparación”, éstas son marginadas de las ayudas gubernamentales que otorgaba el régimen de Nicolás Maduro, por ello, incluso, muchas intercambiaban sexo por comida.

Por otra parte, al migrar, las venezolanas han sido más vulnerables a la trata, trabajos forzados y violencia sexual.

En el caso de ser consideradas opositoras, al ser detenidas se les impedía tener un abogado presente y, en el caso de las indígenas, sin un traductor.

La ONG Foro Penal documentó que, tan sólo de enero de 2014 a marzo de 2023, se registraron 15,792 casos de personas detenidas por motivos políticos, y en el caso de las mujeres eran sujetas a tortura y violencia sexual.

Se sabe que elementos de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM), del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) abusaron de su rango para torturar a las detenidas y así coaccionarlas para confesar o revelar información.

Entre las acciones que implementaban destacan tocamientos, violación equiparada, utilizando dedos, manos u objetos, amenazas de violación, desnudez forzada, presenciar violaciones, violencia contra genitales, pechos o abdomen con golpes o descargas eléctricas.

De acuerdo con el mismo reporte, las detenidas eran obligadas a desnudarse y mostrar sus genitales, mientras que las revisiones podrían durar hasta 12 horas, tiempo en el que no tenían acceso a alimentos ni agua. Ya en reclusión, permanecían en celdas donde dormían una sobre otra, además de que no tenían baños exclusivos, por lo que debían bañarse frente a los hombres. Tampoco tenían acceso a productos de higiene menstrual, por lo que sus ropas se llenaban de sangre, lo que provocaba humillaciones.

Sumado a todo este infierno, en Venezuela la participación política de las mujeres es muy baja, pues en las recientes elecciones, del total de candidat@s sólo dos fueron mujeres.

Como podemos ver, más allá del conflicto diplomático entre Venezuela y EU están las historias de las personas que realmente sufren las políticas dictatoriales. Con Maduro o Trump, los derechos de las mujeres están en serio peligro. Ni uno es un santo ni el otro es un salvador. Ambos persiguen el poder y para alcanzarlo han pasado por encima de los derechos humanos sin dudarlo. En Venezuela sólo cambiaron de verdugo.