Resignificar la paternidad

Me hubiera gustado ser el padre de mi padre para darle todo el cariño, los besos y ls abrazos que le faltaron de niño, que me faltaron de niño...

Por Marisol Escárcega

                       Es en la infancia donde

                se forja el adulto del futuro.

Me hubiera gustado ser el padre de mi padre.

Me hubiera gustado que su vida hubiera sido otra, apoyándolo en sus proyectos, en sus sueños, en sus decisiones.

Me hubiera gustado ser el padre de mi padre, porque entonces le hubiera enseñado, con mi ejemplo, que llorar estaba bien, que parar o detenerse no era fracasar, sino otro camino por el que era seguro andar.

Me hubiera gustado ser el padre de mi padre para jugar a las canicas, a la comidita, a los carritos, montar más a caballo y decirle que su existencia le daba sentido a la mía.

Me hubiera gustado ser el padre de mi padre para darle todo el cariño, los besos y los abrazos que le faltaron de niño, que me faltaron de niño...

Me hubiera gustado ser el padre de mi padre y enseñarle que las labores de casa las debíamos hacer tod@s, que las mujeres son nuestras iguales y no personas que debían servirnos.

Me hubiera gustado ser el padre de mi padre para ejercer una paternidad presente y no justificar mi ausencia con el “estoy trabajando para que nada le falte a mi hijo”.

Me hubiera gustado ser el padre de mi padre, y permitir que mi hijo me viera llorar, así sabría que la masculinidad no es sinónimo de dureza, y que todas las emociones son válidas y necesarias, y que la salud mental es fundamental para ejercer una paternidad asertiva.

Me hubiera gustado ser el padre de mi padre, para contarle más historias, pero, sobre todo, para que él me contara cómo estuvo su día, qué aprendió en la escuela o quiénes eran sus amigos.

Me hubiera gustado ser el padre de mi padre y pasar más tiempo con mi hijo, enseñarle que era importante prepararse, estudiar, ser mejor cada día, pero también ser feliz.

Me hubiera gustado ser el padre de mi padre, para escribir mi propio guion y ser padre desde el aprendizaje, los errores, pero sin autoritarismos ni reproches.

Me hubiera gustado ser el padre de mi padre, para involucrarme más en su crianza, conocer las necesidades de mi hijo entender cada una de las etapas por las que estaba pasando.

Me hubiera gustado ser el padre de mi padre, para decirle que el alcohol no resuelve ningún problema y que, por el contrario, sólo te aleja de quienes te aman.

Me hubiera gustado ser el padre de mi padre, para decirle a mi hijo que la violencia no es un argumento para corregir, que establecer límites, siempre de manera respetuosa, es lo ideal.

Me hubiera gustado ser el padre de mi padre, para no trabajar todo el día y pasar más tiempo viendo caricaturas con mi hijo, conviviendo con su madre, peinándolo o cantando con él.

Me hubiera gustado ser el padre de mi padre para asistir a las juntas de la escuela, a la firma de boletas, a la presentación del coro o a los partidos de futbol y no dejar que sólo mi esposa se encargara de “esas cosas”.

Me hubiera gustado ser el padre de mi padre, para romper el patrón con el que crecí, no reproducir roles mezquinos y ejercer mi paternidad a través del cuidado y del amor, y no de la dureza, de los golpes y del rechazo.

Me hubiera gustado ser el padre de mi padre, para viajar más, para enseñarle que el descanso es necesario y que ningún trabajo vale la pena para sacrificar a la familia.

Me hubiera gustado ser el padre de mi padre y estar presente el día de la boda de mi hijo, en el nacimiento de sus hij@s y darle muchos consejos que, seguramente, necesitaría.

Me hubiera gustado ser el padre de mi padre, para enseñarle a mi hijo que el amor no es sufrimiento ni sacrificios constantes, ni mucho menos dolor o golpes, sino corresponsabilidad, apoyo, crecimiento, ternura...

Si yo hubiera sido el padre de mi padre, él hubiera estudiado lo que quería y no lo que le impuse. Si yo hubiera sido el padre de mi padre, habría entendido que la paternidad se ejerce día a día, que no hay una única forma de serlo, sólo debía ser responsable, amoroso y paciente con él.

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