No es el reguetón, es el patriarcado

Imagen de la Mujer

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Por Marisol Escárcega

El año pasado, la tesis de Laura Casanovas-Buliart, hoy ingeniera matemática en Ciencia de Datos, reveló que, 51% de las más de dos mil canciones de entre 1969 a 2002 en España —que se dedicó a analizar a través de una IA, que ella misma creó— eran machistas; en 2015 se disparó a 77 por ciento.

Y es que ¿les ha sucedido que alguien les diga que el reguetón es machista y que, “música, la de antes”? Pero no, el género en sí no es machista, es el sistema, la estructura que permite que l@s letristas sigan escribiendo canciones misóginas.

El reguetón es sólo otro género musical que han utilizado los hombres y, sí, algunas mujeres, para perpetuar el machismo, pero, en realidad, éste lo encontramos en un sinnúmero de canciones que hemos cantado toda la vida.

Durante generaciones hemos normalizado en la música el acoso sexual, violaciones, infidelidades, incesto, pedofilia, feminicidios, violencia sexual, familiar, económica y ahora digital; y bueno, con los narco corridos, las desapariciones y cuanta vejación posible; normalizamos todo tipo de violencia.

Es verdad, a través de la música conectamos con otras personas, decimos “ésa me queda” o “ésa me recuerda a tal persona”, sin embargo, también es la forma de expresar lo que vemos, sentimos, vivimos, imaginamos y sí, lo que pensamos. Veamos unos ejemplos:

Perdida/Los Panchos: “Perdida porque al fango rodaste después que destrozaron tu virtud y tu honor/ No importa que te llamen perdida/ yo le daré a tu vida —que destrozó el engaño—/ la verdad de mi amor/”.

La media vuelta/José Alfredo Jiménez: “Te vas porque yo quiero que te vayas/ A la hora que yo quiera te detengo/ Yo sé que mi cariño te hace falta/ Porque quieras o no/ Yo soy tu dueño/”.

La Mataré/Loquillo: “Que no la encuentre jamás/ o sé que la mataré/ Por favor sólo quiero matarla/ A punta de navaja/ Besándola una vez más”.

Talento de Televisión/Willie Colón: “Y le trae la historia de una mamita en televisión/ que con su trasero supo ganarse la admiración/ causó entre los actores gran simpatía por su esplendor/ y entre las actrices la antipatía por la razón/ de que su palanca fuera su cuerpo y no su valor/”.

Déjame volver contigo/Dulce: “Seré, tu amante o lo que tenga que ser/ Seré, lo que me pidas tú/ Amor, lo digo muy deveras/ haz conmigo lo que quieras/ reina, esclava o mujer/”.

La Planta/Caos: “Y te pareces tanto a una enredadera/ en cualquier tronco te atoras/ y le das vueltas con tus ramitas que se enredan donde quiera/ y entre tanto ramerío, ya te apodamos la ramera/”.

Cuando vayas conmigo/José José: “Cuando vayas conmigo, ve apoyada en mi hombro/ ve escuchando el latido que lleva mi sangre tan sólo/ Cuando vayas conmigo, nada debe importarte/ Que tu mundo se encierre en tu amor y mi amor/, cuando vayas conmigo, no mires a nadie/”.

Bonita/J. Balvin: “To’ eso es pa’ mí/ bailando te di fuete/ no hay más na’, te diré/ y esto no para hasta que estés sin conciencia/ que quite la paciencia y te sueltes las piernas/ Hoy vamo’ a meterte/”.

¿Cómo pudiste hacerme esto a mí?/Alaska y Dinarama: “La calle desierta, la noche ideal/ un coche sin luces no pudo esquivar/ un golpe certero y todo terminó entre ellos de repente/ No me arrepiento/ volvería a hacerlo/ son los celos/”.

O qué tal la clásica de Police Every Breath you take que dice: “Every breath you take/ and every move you make/ every bond you break/ every step you take/ I’ll be watching you/” (Cada vez que respires/ cada movimiento que hagas/ cada atadura que rompas/ cada paso que des/ estaré observándote/), un claro stalker.

Estos ejemplos, no sólo son letras que cantamos en un karaoke, son el eco de una estructura generacional que hemos normalizado, donde validamos la violencia sistemática de las mujeres; reflexionar lo escuchamos desde niñ@s es un primer paso para cambiar el chip y no dejar una herencia sonora violenta que se siga bailando y cantando sin problema.

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