Por Paulina Majul Rubio*
Mientras más crezco, más cambio, mi esencia es la misma, pero en conjunto, estoy en constante evolución, todos lo estamos. Las personas en nuestra vida vienen y van, en ocasiones crecemos en direcciones similares, aunque hay otras en las que nuestros caminos con algunas personas simplemente se oponen y a pesar de ello, nos toca seguir nuestro camino siempre y cuando estemos haciendo bien. Nos aferramos a amistades pensando que lo hacemos por lealtad, sin embargo, ¿a quién le debemos realmente lealtad: a ellos o a nosotros mismos?
El valor de la lealtad es primordial, y aquellos que nos consideramos leales probablemente hemos caído en el miedo a soltar, a pesar de que no siempre las cosas estén funcionando. Antes pensaba que la frase “eres el promedio de las cinco personas con las que más pasas tiempo” era una tontería, pero me di cuenta de lo verdadero que es.
Cuando somos niños, nuestras amistades se basaban en el tiempo de convivencia, probablemente las personas a las que veíamos todos los días en la escuela; esas relaciones dependía en si nos divertíamos con ellos o no. Al crecer, lo que define una amistad comenzó a evolucionar complementándose de otras cosas más importantes que la temporalidad o frecuencia. Esto es algo complejo y algunas veces doloroso, ya que como mencioné antes, hay veces en las que seguimos atando una amistad que ya no nos aporta nada y ocasionalmente hasta nos drena por miedo o nostalgia.
No aceptar que hay vínculos con los cuales ya no compartimos realmente nada puede ser muy dañino y desleal hacia nosotros mismos. Serle leales a nuestros amigos es importante, pero saber que hay veces en las que uno tiene que alejarse, sea por siempre o por un tiempo indefinido, es igual de importante. Esto no quiere decir que el dejar una amistad tiene que ser un drama y acabar mal, al contrario, simplemente es una manera de decir que no congenias más con esa persona. Dicho esto, si lo pensamos desde otro ángulo, el alejarnos de alguien que ya no nos suma, no sólo es lealtad hacia nuestra propia persona, también es lealtad a esa amistad, aunque no lo parezca. Es como en una relación, puede que una de las dos personas ya no se sienta cómoda con su pareja y aquel vínculo comience a sentirse como una obligación y en realidad, lo único que se debe es respeto y honestidad; no las promesas a futuro. Alejarse es levantar la bandera blanca de cierta forma diciendo “no voy a fingir”.
Piensa en las cinco personas a quienes más cerca tienes, a los que más buscas para contarle las novedades de tu vida, con quienes más disfrutas hacer planes, con los que el tiempo pasa más rápido, con quienes cuentas para cualquier cosa. Si esas personas congenian con tus valores más importantes, manera de pensar, educación, aspiraciones, sueños, etcétera, muy probablemente lo estás haciendo bien. Esto no quiere decir que para tener un buen amigo tienen que ser iguales, para nada, pero sí tienen que ser personas a quienes admires y te admiren de regreso, alguien que haga match. Todos podemos tener amigos que tengan opiniones muy distintas y hasta valores bastante alejados a los nuestros, sin embargo, creo yo que es difícil tener una relación muy cercana con alguien que mentalmente es opuesto a las características importantes que mencioné antes. El que alguien no congenie con nosotros para nada quiere decir que es una mala persona o viceversa, simplemente no puede haber un apoyo real a algo con lo que no estamos de acuerdo.
Las amistades no son obligación; si alguien no suma, no hay por qué quedarse. O estás o no estás, malo es quedarse en medio.
* Instagram: @paulinamajulr
Correo: paumajulr@gmail.com
