Una estrategia desastrosa

Se pretende descalificar la manifestación con el peregrino argumento de que fue convocada por jóvenes, pero que en la multitud iban adultos. En realidad marcharon jóvenes, adultos también e incluso niños y ancianos, familias enteras que no están de acuerdo con la inseguridad que priva en el país

Todo ciudadano tiene derecho a manifestar su inconformidad u oposición a la autoridad. Eso hicieron los ciudadanos que marcharon el domingo. Voceros oficialistas dijeron que sólo marcharon seis mil personas, otros soltaron que siete mil y los más generosos hablaron de 17 mil. El hecho es que en la marcha participaron miles de personas.

Se pretende descalificar la manifestación con el peregrino argumento de que fue convocada por jóvenes, pero que en la multitud iban adultos. En realidad marcharon jóvenes, adultos también e incluso niños y ancianos, familias enteras que no están de acuerdo con la inseguridad que priva en el país.

Algo destacable es que participó en su silla de ruedas la abuela de Carlos Manzo, el alcalde Uruapan que fue asesinado hace unos días, lo que ha desatado una ola de protestas que las autoridades pretenden minimizar con el envío de tropas a Michoacán y todo un plan que, hasta ahora, sólo ha mostrado su ineficacia, pues el domingo pasado los delincuentes bloquearon carreteras del estado con automóviles a los que prendieron fuego.

Alberto Capella, quien de manifestaciones conoce el derecho y el revés, pues fue organizador de protestas ciudadanas y también jefe de policía en Tijuana, dice que “durante más de tres horas, desde Reforma hasta Eje Central, el flujo fue un río humano ininterrumpido”. Otros observadores aportan datos que muestran una participación mayor a la declarada por los funcionarios morenistas.

El hecho es que se tomaron diversas medidas para desalentar la participación y hacerla más complicada e insegura. Las autoridades cerraron con vallas el eje Lázaro Cárdenas y la avenida Madero; dejando la calle 5 de Mayo como único acceso al Zócalo, donde se colocaron vallas metálicas frente a Catedral y el Palacio Nacional.

Quien conoce de esta disposición geográfica y tales medidas, agrega Capella, “sabe que este tipo de configuración genera confusión, lentitud, fragmentación y temor”. Pero había más: “Al ingresar por 5 de Mayo —sigue Capella—, lo primero que encontramos fue a un grupo de jóvenes atacando las vallas” dispuestas frente a Catedral, justo en el punto donde entraba la ciudadania pacífica. Ante el espectáculo de “humo, golpes, gritos, confusión y rostros llenos de miedo, miles de personas se detuvieron o se regresaron”, que era precisamente lo que buscaba la autoridad.

Luego los mismos jóvenes se trasladaron a la valla que resguardaba Palacio y ahí dieron un combate más encarnizado, pues lograron derribar parte de la barrera metálica y atacaron al personal uniformado que tenía órdenes de no responder, pero las cosas llegaron a tal punto que finalmente recibieron autorización y, como es costumbre, no buscaron quién se las debía, sino quién se las pagara, y desplegaron su salvajismo ciego contra los que presenciaban los hechos, incluso contra periodistas que estaban ahí haciendo su trabajo.

En fin, que la estrategia gubernamental terminó como una exhibición de inoperancia, como una nueva demostración de que los asesores de quien manda envían señales confusas o de plano equivocadas y comprometedoras.

Esa estrategia se desplegó verbalmente días antes antes de la manifestación. Una y otra vez fueron descalificados los convocantes, pues si inicialmente se trataba de la llamada Generación Z, con el paso de los días se mencionaron nombres como el de Claudio X González o Salinas, hasta sugerir que desde el extranjero se patrocinó una campaña en favor de la manifestación y, por supuesto, en contra de las autoridades. Tanta insistencia en descalificar la marcha sólo sirvió para despertar más interés. Los resultados están a la vista.

Se insistió en que el actual gobierno no reprime y, finalmente, lo tuvo que hacer, de manera indiscriminada y hasta criminal. De los hechos se desprenden algunas preguntas: ¿por qué se ordena a los cuerpos policiacos no intervenir cuando el llamado Bloque Negro ataca a policías e incluso a manifestantes? ¿Por qué la autoridad se niega a cumplir su obligación de aplicar la ley? ¿Por qué el Bloque Negro aparece en las manifestaciones de protesta o de la oposición y no en las de Morena? Alguien debe responder esas preguntas... si es que tiene las respuestas.

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