Un PAN indigerible
A lo largo de su existencia, el PAN ha estado contra el aborto, la unión libre de la pareja,el divorcio, la homosexualidad y la educación laica, por lo cual exigía “libertad para elegirel tipo de educación que los padres quieran dar a sus hijos… sin deformaciones cientificistas”,lo que, en buena medida, explica la marginalidad en que vivieron los azules durante sesenta años.
Para la dignísima Janine Otálora.
Durante décadas, el Partido Acción Nacional mantuvo en alto las banderas conservadoras. Nació en el auge del nazifascismo, pero se empeñó en no llegar a ese extremo, aunque no ocultó sus simpatías por el franquismo, y hasta ahí. No fue poca cosa hacer gala de su vocación católica o de su antijuarismo en un país que durante más de un siglo vivió con orgullo su carácter laico, conseguido después de medio siglo de guerras civiles. Por supuesto, situarse en tales posiciones redujeron al PAN a un papel meramente testimonial.
El partido “de la gente decente”, como se hacía llamar, generalmente mantuvo una posición crítica frente al régimen priista, aunque hubo momentos de una vergonzosa confluencia, especialmente cuando los gobernantes del tricolor se iban al fondo a la derecha, como en 1958-1959, durante las grandes huelgas de ferrocarrileros y otros gremios, lo que sugirió al panismo ensuciar las paredes de toda la República con su lema de “Cristianismo sí, comunismo no”, como si en México fuera inminente un triunfo bolchevique.
En 1968, cuando el carnicero Gustavo Díaz Ordaz se lanzó bestialmente contra la juventud, el PAN o sus dirigentes lanzaron juicios de pretendida ecuanimidad, condenando la represión gubernamental y la supuesta “violencia estudiantil”, como si se tratara de dos fuerzas en igualdad de poder y condiciones.
Manuel González Hinojosa, relevante panista, escribió en aquellos días: “Siguen oscuros (los orígenes del movimiento de 1968), sus directores efectivos, sus fuentes de financiamiento y las metas que persigue a corto y a largo plazo. Las autoridades hablaron inicialmente de que se trataba de una ‘conjura comunista contra México’. Es preciso que se deslinde la responsabilidad de quienes, efectivamente, quieren dañar a México, para distinguirlos de la inmensa mayoría de los estudiantes y ciudadanos que participan en las manifestaciones de protesta y persigan metas necesarias”.
González Hinojosa coincidía con el gobierno en que el movimiento tenía orígenes oscuros, dirigentes ocultos en las sombras, dinero llegado de quién sabe dónde (¿el oro de Moscú?) y objetivos inconfesables. Si para el poder era una “conjura comunista”, el PAN la consideraba existente, pues demandaba que el gobierno dijera quiénes eran esos malvados que querían dañar a México.
Por supuesto, a lo largo de su existencia, el PAN ha estado contra el aborto, la unión libre de la pareja, el divorcio, la homosexualidad y la educación laica, por lo cual exigía “libertad para elegir el tipo de educación que los padres quieran dar a sus hijos… sin deformaciones cientificistas”, lo que, en buena medida, explica la marginalidad en que vivieron los azules durante sesenta años. A lo largo de la docena trágica de 2000-2012, el PAN fue incapaz de remontar los avances sociales y terminó por la ineptitud y corrupción del dueto Calderón-García Luna, que abrió la puerta para el regreso del PRI y el inepto Peña Nieto.
Con tales antecedentes, es absurdo hablar de que la política de alianzas causó una pérdida de identidad del PAN por haberse mimetizado con otros partidos, pues el “relanzamiento” del partido ocurrido el sábado pasado es, más allá de las intenciones, una contundente confirmación de que Acción Nacional es fiel a sus orígenes y no quiere cambiar.
Ondear las desteñidas banderas de hace 70 años no le abrirán al panismo una ruta de regreso al poder. Hoy, el aborto es una práctica legal en gran parte de la República, la unión libre le ha ido ganando terreno a los matrimonios, que van a la baja, mientras los divorcios se mantienen al alza; el feminismo ha ganado las calles y las conciencias, mientras el movimiento LGTBIQ+ crece, adquiere respeto social y político, como lo prueba el hecho de que la Ciudad de México sea, para decirlo a la gringa, gay friendly.
Con “familia, patria y libertad” o teniendo como invitado de honor a un dignatario eclesiástico ganarán la simpatía de fachos como Javier Milei o la banda española de Vox, pero también les representará una incómoda vuelta al pasado, una garantía de que, con alianzas o sin ellas, el PAN vuelve a ser un testigo apenas presencial de la vida política, pero ahora con una reservación en Gayosso para emplearla en fecha próxima.
