Revocación o ratificación
Está muy bien eso de ahorrarse unos pesos, pero se trata de un cambio constitucional y no es recomendable que una reforma de esos alcances se apruebe al vapor... De ahí que Ricardo Monreal, líder la mayoría en San Lázaro, señalara que la iniciativa debía analizarse debidamente, criterio que, al parecer, comparte la presidenta Claudia Sheinbaum.
Alfonso Ramírez Cuéllar propuso que la ratificación de mandato, establecida para 2028, se anticipe y se incorpore a la votación de junio de 2027, cuando habremos de elegir diputados federales y locales, a 17 gobernadores, más de dos mil presidentes municipales y jueces del Poder Judicial impuesto por Morena y sus pegotes.
Parece excesivo amontonar tantos procesos, pero, de acuerdo con Ramírez Cuéllar, eso permitiría un ahorro de cinco mil millones de pesos, una suma que resulta de vital importancia hoy que el erario se ha convertido en un andrajoso mendigo y los gastos aumentan, como lo muestra la anunciada erogación de 60 mil millones de pesos para aplacar a las mafias de Michoacán.
Está muy bien eso de ahorrarse unos pesos, pero se trata de un cambio constitucional y no es recomendable que una reforma de esos alcances se apruebe al vapor, pues presenta riesgos políticos que deben advertirse. De ahí que Ricardo Monreal, líder la mayoría en San Lázaro, señalara que la iniciativa debía analizarse debidamente, criterio que, al parecer, comparte la presidenta Claudia Sheinbaum. El problema no es si se aprueba o no la reforma, pues Morena y compañía disponen de su mayoría artificial. De ahí que la intervención de Monreal vea más adelante y se adviertan los efectos que tendría para Sheinbaum y para la plana mayor morenista uno u otro resultado.
Por supuesto, hay argumentos favorables al cambio. Como está dicho, el ahorro sería considerable, aumentaría la participación ciudadana en lo referente a la revocación o ratificación, pues el votante cumpliría con su deber cívico en una sola jornada y no en dos, como está dispuesto ahora. Pero el interés mayor para los cuatroteístas es aprovechar la popularidad de la Presidenta que, dicen, anda por 70%, pues existe un muy fundado temor de que diversos sectores le cobren a las autoridades morenistas —de todo nivel, no sólo federales— errores, corruptelas de muy distinguidos personajes, desorden administrativo, falta de previsión e ineficiencia gubernativa.
Se puede estar o no de acuerdo con esas supuestas razones, pues la fanaticada morenista piensa que todo es perfecto, pero los hechos contradicen en forma tajante esa visión. La respuesta de los michoacanos ante el asesinato de Carlos Manzo, alcalde de Uruapan, ha sido un rudo golpe para la creencia de que todo está en orden y bajo control, cosa que se halla lejos de ser verdad.
Lo sucedido en tierras purépechas es muy grave, pero no se trata de un hecho aislado. Sinaloa, Guerrero, Chiapas, Tabasco y muchos otros lugares muestran que la delincuencia despliega el terror en gran parte de México, que quita y pone alcaldes, que patrocina candidatos de Morena y otros partidos, y cuenta ya con una red de relaciones de todo nivel y base social que no tienen algunos de los partidos con registro.
Ramírez Cuéllar considera que meter la revocación de mandato en la misma jornada electoral le daría el triunfo a los candidatos cuatroteros por contagio, pero de ningún modo es algo automático. Más bien lo que se advierte es un inmenso riesgo para la Presidenta, pues, por el cargo que ocupa, no faltarán quienes la acusen por todas las barbaridades de sus correligionarios o que, por lo menos, le reclamen por qué sigue Adán Augusto López al frente del Senado y por qué Bedolla en Michoacán y Rocha Moya en Sinaloa; no han sido destituidos mediante el conocido recurso de la desaparición de poderes, pues esos gobernadores no gobiernan y han convertido las citadas entidades en tierra de nadie.
No se ignora que al adelantar y resultarle favorable el proceso de revocación-ratificación de mandato, Claudia Sheinbaum podría sacudirse la ominosa sombra de su antecesor, pero tampoco hay que dejar de lado la posibilidad de que la Presidenta resulte entrampada y que sus malquerientes aprovechen la oportunidad para retirarle todo apoyo o que la culpen si, como es esperable, le va mal a la coalición que encabeza Morena.
En suma, para modificar lo dispuesto en la revocación de mandato lo que debe contar para la Presidenta y las fuerzas sanas de Morena —que, por supuesto, las hay, aunque muy menguadas— es fortalecer a la mandataria y no arriesgarla a un desastre de gravísimas consecuencias para la nación.
