Para documentar el pesimismo
Lo que ocurre, si echamos una ojeada a la historia, es que tras un régimen de larga duración viene un periodo de serios desajustes en la vida pública... En México se conoce bien esa experiencia de inestabilidad política que llega después de un largo periodo de estabilidad.
Sobran motivos de preocupación ante lo que ocure en México: violencia criminal desbocada, insuficiencia del sistema de salud, bloqueos de calles y carreteras, paros laborales, amenazas y ofensas de Trump, fuga de capitales, huelgas estudiantiles, corrupción, arbitrariedades, violencia y protestas, más lo que se acumule esta semana. Sí, la situación es preocupante, y todo indica que va a empeorar.
Lo más fácil es cargar toda la culpa sobre el actual gobierno, que por supuesto, hoy por hoy, es responsable de la marcha del país, pero desde luego no es el único culpable, pues es la conjunción de herencias y carencias recibidas lo que nos ha metido en la actual crisis, porque estamos en crisis, aunque el canto de los jilgueros oficiales entone una melodía absurdamente optimista.
Lo que ocurre, si echamos una ojeada a la historia, es que tras un régimen de larga duración viene un periodo de serios desajustes en la vida pública. La Revolución Francesa es el ejemplo típico, pero no el único: durante casi dos siglos la Francia de los Luises vivió en una relativa paz interna que acabó con la toma de Bastilla en 1789, la pérdida de facultades de Luis XVI, quien en 1791 fracasó en la llamada Fuga de Varennes, fue suspendido por la Asamblea Nacional y finalmente guillotinado en enero de 1793 al disponerlo así la Convención, instalada en 1792, a lo que siguió la matanza entre los líderes revolucionarios y el golpe de Estado de Napoleón en 1799, que se convirtió en emperador en 1804 y concluyó en 1814, con la efímera restauración de la monarquía, a la que siguió la segunda república y luego las revoluciones de 1830, 1848 y 1871.
La Revolución Rusa es otro caso que vale citar: en 1905 hubo numerosos brotes de rebeldía obrera y campesina, huegas, ocupación de tierras, terrorismo y, tras la derrota ante Japón, motines militares, insurrecciones nacionalistas y religiosas, lo que dio por resultado el paso del absolutismo de los zares a una breve monarquía constitucional y al establecimiento de la Duma Imperial o parlamento, con limitados poderes y disuelta por el zar en 1906, por lo cual continuaron los movimientos en el campo y las huelgas obreras y estudiantiles, a lo que siguió la Primera Guerra Mundial y la revolución bolchevique de 1917, que entre purgas, extradiciones y la Segunda Guerra Mundial tardó más de 35 años en adquirir cierta estabilidad.
En México se conoce bien esa experiencia de inestabilidad política que llega después de un largo periodo de estabilidad. Luego de la Independencia, en 1821, el país vivió más de medio siglo de invasiones y guerras civiles, hasta la caída de Maximilano en 1867. La historia se repitió cuando al caer la dictadura porfirista por la rebelión de Ciudad Juárez y la salida de Díaz, siguió el interinato de León de la Barra, luego Francisco I. Madero llegó a la Presidencia mediante elecciones, en 1914 le dio golpe de Estado Victoriano Huerta, quien huyó dejando de interino a Francisco S. Carvajal, a quien le tocó entregar el poder a los revolucionarios.
Se convocó a la Convención de Aguascalientes que nombró presidente a Eulalio Gutiérrez. Se produjo el rompimiento entre los revolucionarios y en 1915 Carranza asumió ese cargo por la facción constitucionalista, en tanto que villistas y zapatistas impusieron a Roque González Garza, a quien sucedió Francisco Lagos Cházaro. Se promulgó la Constitución de 1917 y Carranza se convirtió en presidente constitucional, pero al producirse la rebelión de Agua Prieta, Carranza fue asesinado y en 1920 asumió la presidencia Adolfo de la Huerta, a quien seis meses después sucedió Álvaro Obregón que enfrentó exitosamente la rebelión escobarista.
De 1924 a 1928 fue presidente Plutarco Elías Calles, al que le estalló la guerra cristera. Álvaro Obregón echó abajo lo de “sufragio efectivo no reelección”, se presentó nuevamente como candidato presidencial y resultó triunfador en 1928, pero no alcanzó a tomar posesión porque lo asesinó José de León Toral, tras lo cual Calles impuso a Emilio Protes Gil como interino e instauró el maximato, periodo que cubrieron Pascual Ortiz Rubio y Abelardo L. Rodríguez. En 1934 llegó a la Presidencia Lázaro Cárdenas e impuso la regularidad sexenal. ¿Seguimos?
