Ocaso del sistema electoral
El partido que dirige Andrés Manuel López Obrador exhibe las dos gubernaturas ganadas como un avance, pues en Baja California le arrebató el poder al PAN con una ventaja en votos de 30%, en tanto que en Puebla tuvo a su favor una diferencia de 10%, que, ciertamente, no es poco, aunque hay factores que ensombrecen tales victorias.
Todo indica que estamos asistiendo a la quiebra del sistema electoral. Los comicios del domingo pasado muestran que los viejos partidos —PRI, PAN y PRD— ya no resultan atractivos, que la chiquillería sigue estacionada en la mediocridad y que Morena, masa informe atada a mandos caciquiles, está muy lejos de ser una formación partidaria.
Por supuesto, el partido que dirige Andrés Manuel López Obrador exhibe las dos gubernaturas ganadas como un avance, pues en Baja California le arrebató el poder al PAN con una ventaja en votos de 30%, en tanto que en Puebla tuvo a su favor una diferencia de 10%, que, ciertamente, no es poco, aunque hay factores que ensombrecen tales victorias.
El partido color ladrillo despliega sus victorias como prueba contundente de que la cuarta transformación —cualquier cosa que eso signifique— se mantiene en ascenso y que el gran derrotado en estos comicios es, indudablemente, Acción Nacional, lo que salió a contradecir Marko Cortés, el dirigente albiazul, quien, ante el desastre, destacó que Morena había perdido votantes, pues, sumados los votos emitidos en todo el país, un millón 361 votos son del PAN contra un millón 186 de Morena (en realidad, un millón 567 mil).
Otro detalle interesante es que, para no perder la costumbre, Marko Cortés denunció “la burda injerencia del gobierno federal para apoyar a los candidatos de Morena”, a lo que AMLO respondió que “ninguna dependencia del gobierno federal participó antes o durante el proceso electoral”.
Lo cierto es que, para el PAN, estas elecciones han sido un desastre, pues perdió Baja California, donde mandaba desde 1989, cuando Carlos Salinas de Gortari agradeció con esa gubernatura la participación azul en el cochupo que lo llevó a la Presidencia de la República. El inicial beneficiario de ese favor, Ernesto Ruffo, culpó por la pérdida a “la gavilla de panistas que concentraron el poder…”, pues ya se sabe que la victoria tiene muchos padres, pero la derrota es huérfana.
Igualmente costosa para Acción Nacional es la pérdida de Puebla, donde el expriista Rafael Moreno Valle había levantado un poderoso cacicazgo que le permitió dejar a uno de sus paniaguados como sucesor y luego imponer a su esposa como candidata que emergió como supuesta triunfadora en un proceso empapado de irregularidades. De aquello queda muy poco.
Marko Cortés declaró también que en Baja California el triunfo de Morena fue con sólo 11% de los votos posibles y en Puebla con apenas 14% del padrón, lo que, por supuesto, no es consuelo, pero sí debiera ser una enérgica llamada de atención para todos los actores políticos.
En medio del desastre, el PAN se levantó con la victoria en tres estados, pues en Tamaulipas retuvo el Congreso local, le sacó 20 puntos porcentuales de ventaja a Morena y casi 40 al PRI. En Aguascalientes, Acción Nacional tuvo otro éxito, pues ganó cinco de las 11 alcaldías, incluida la capital del estado, donde su candidato dobló la votación de su más cercano contendiente. Los verdes ganaron dos alcaldías, en tanto que el PT, el PRD y Morena sólo obtuvieron un municipio. El gran perdedor fue el PRI, que fue desplazado en cuatro de las cinco alcaldías donde gobernaba.
En Quintana Roo, el morenismo se llevó 11 de 15 distritos y tres la alianza del PAN y el PRD. En Durango le fue mejor al PANRD, pues se quedó con 18 de las 39 alcaldías en disputa, aunque ahí el PRI salvó el honor al obtener el triunfo en 15 municipios, incluido Lerdo, pero Acción Nacional se hizo de la victoria en la capital del estado. En la entidad duranguense, Morena tuvo los peores resultados de la jornada, lo que también es un aviso de que ahí no funciona el partido y que para ganar no basta con la bendición de Ya Saben Quién.
En lo que ganadores y perdedores coincidieron fue en su incapacidad para suscitar el interés de la ciudadanía, pues la abstención fue de 54.7 en Durango, de 61.1 en Aguascalientes, 66.6 en Puebla, 66.9 en Tamaulipas, de 70.5 en Baja California y de ¡77.9 en Quintana Roo! De modo que ninguna formación política debe echar las campanas a vuelo.
En medio de todo, lo cierto es que el actual sistema de partidos se deteriora aceleradamente. Algo tendrán que hacer las fuerzas políticas para ponerlo a flote.
