Mitin, montón y motín
La sociedad vive el día a día entre los escándalos del huachicol y sus responsables, pero nadie precisa el destino de sus ganancias por ese delito, que para unos ya está en cuentas de algún banco suizo y para otros fue dinero invertido en las campañas de varios candidatos de Morena a los cargos más relevantes.
Todo gobierno necesita distractores, sobre todo cuando los problemas se acumulan y no hay a la vista soluciones. Con una economía que crece mucho menos que la población, una criminalidad en auge, revelaciones escandalosas de corrupción y complicidades que tiñen las filas de Morena, una inocultable disensión interna en las filas gobiernistas y otros —no pocos— temas nocivos para el poder, se requiere que la atención pública se fije en otras cosas.
Con una sociedad agobiada por la pérdida de empleos, el aumento de los bienes de consumo, el desgarriate en salud y educación, la ineficiencia administrativa, la deuda pública rozando la insolvencia, más de la mitad de los trabajadores en la informalidad y una justicia que no llega y cuando llega lo hace tarde, no parece casual que se escuchen señales de alarma entre la militancia de color guinda.
En buena hora se ha puesto en la cárcel a unos pocos corruptos y se persigue a varios más, o eso debemos suponer. Pero el hecho es que se acumulan los señalamientos contra el líder del Senado sin que contemos con indicios de que se procederá contra él, quien se da el lujo de seguir desde su escaño un juego de futbol cuando se informa y se discute sobre asuntos de la más alta trascendencia.
La sociedad vive el día a día entre los escándalos del huachicol y sus responsables, pero nadie precisa el destino de sus ganancias por ese delito, que para unos ya está en cuentas de algún banco suizo y para otros fue dinero invertido en las campañas de varios candidatos de Morena a los cargos más relevantes. Sea cual sea la verdad, los ciudadanos debemos conocerla, pero se nos niega.
Otro asunto distractor ha sido el referente a la Ley de Amparo. La Presidencia envía al Senado un proyecto altamente cuestionado, pues los que saben aseguran que limita la protección ante el poder que tradicionalmente ha significado ese recurso. Pero el debate pronto se desvía a lo que parece un descuido o una imprudencia: el dar carácter retroactivo a la ley. Se acusa a un senador cercano a Adán Augusto, pero versiones periodísticas señalan que quienes “sugirieron” incluir esa disposición fueron Arturo Zaldívar y/o Ernestina Godoy, asesores jurídicos de la Presidencia de la República.
Y mientras se tienden cortinas de humo y se hace ruido para distraer de lo principal, la CNTE se mantiene en pie de lucha con clara desventaja, pues desde el sexenio pasado el gobierno metió en el costal de sus favorecedores y favoritos, todos ellos comprados, a los charros del SNTE y hasta hizo senador plurinominal al líder de la pandilla, Alfonso Cepeda Salas.
Seguimos sin saber qué pasó con los 43 muchachos de Ayotzinapa, en las universidades surge la rebeldía social, los artistas protestan por el abandono en que los tiene la cultura oficial, el Bloque Negro agrede con total impunidad a los policías destacados para cuidar una manifestación y todo se resuelve diciendo que era una provocación, y no una actitud criminal que puso en riesgo las vidas de policías y civiles. Ésos son síntomas de ingobernabilidad.
Pero se prefiere armar la gran fiesta en el Zócalo, con apenas la quinta parte de los 253 diputados morenistas y la disidencia interna enjaulada ante decenas de miles de acarreados, a un costo que desde luego no se informa a los contribuyentes, pese a que todo se paga con sus impuestos. Sin duda alguna, las grietas de la unanimidad que se pretende mostrar no escapan al ojo entrenado de periodistas que no son neoliberales ni conservadores, sino profesionales responsables.
De ahí que, para el colega Salvador Camarena (El Financiero, 7/10/25), el mitin dominical tuvo evidentes semejanzas con una misa en la que se llamó a los fieles a la contrición: “Sheinbaum sermonea a la masa guinda. No es un mitin más. Es el reconocimiento de una crisis y de un riesgo. Crisis porque no hay explicación creíble de que AMLO no conociera tales desvíos (del huachicol), riesgo porque los compañeros no parecen dimensionar que la nave escora”.
Ante las amenazas trumpistas, con los aliados (PVEM y PT) pidiendo un pedazo mayor del pastel, con Morena colonizada por el priismo y su ala izquierda marginada, cruje el casco del navío. Es alto el riesgo de escisión, pero hay tiempo para evitar el naufragio.
