Firme camino al desastre
La CURP biométrica o digital —la llaman de las dos maneras— será una identificación, según nos cuentan, superior a la del INE, pues contendrá huella digital, foto e iris. Como los legisladores de Morena y sus pegotes no se molestan en leer lo que votan, no se preocuparon por averiguar cuál sería el costo de extender esos cien millones de credenciales.
Es preocupante la embestida oficial contra las libertades ciudadanas, no pocas de las cuales fueron ganadas con la participación de la minoría de izquierda que hoy milita en Morena. Una de las muchas aristas escandalosas es el empeño por imponer la llamada CURP biométrica como documento de identificación, con el que deberemos contar todos los mexicanos, pues la credencial del INE no servirá para más fines que ir a las urnas, lo que quitará utilidad a ese documento y desalentará el interés en votar, habida cuenta de que el gobierno decide por nosotros en materia electoral, pues por poner un caso, con poco menos de 54% de los sufragios, Morena y pegotes se adjudicaron mucho más de dos tercios de la votación de 2024 y luego compraron a diputados de otros partidos para hacerse de 75% del total de los diputados y así reformar la Constitución como se les pegara la gana.
De acuerdo con la versión oficial, esa CURP (Clave Única de Registro de Población) servirá para “agilizar los mecanismos de búsqueda e identificación de personas víctimas de desaparición forzada” (La Jornada, 28/VI/25), quizá porque los voceros de Papá Gobierno confían en que los desaparecidos no desaparezcan sin antes informar de su paradero.
La CURP biométrica o digital —la llaman de las dos maneras— será una identificación, según nos cuentan, superior a la del INE, pues contendrá huella digital, foto e iris. Como los legisladores de Morena y sus pegotes no se molestan en leer lo que votan, no se preocuparon por averiguar cuál sería el costo de extender esos 100 millones de credenciales.
El asunto de los dineros no es algo menor, pues el actual gobierno se encuentra sumido en una crisis económica de la cual le llevará todo el sexenio salir, si es que sale. Se instaurará un organismo que se encargará de extender el nuevo documento de identidad y se echará a la basura la experiencia, el personal y las ventajas que representa el actual funcionamiento del Registro Federal de Electores. Duplicidad evitable, pero a quién puede importarle si lo ordenó el Espectro de Palenque ¿ante la exigencia de las autoridades gringas?
Para el gobierno del país vecino será muy útil disponer de los datos contenidos en la nueva charola, pues podrá identificar a quienes considere sus enemigos, sean trabajadores migrantes, narcotraficantes, criminales de otras especialidades o adversarios políticos, a los que Donald Trump mete en el mismo costal.
Acá será igual, pues las diversas leyes aprobadas al vapor en estos días conforman un marco de control ciudadano que parece sacado de los programas policiacos de TV importados de gringolandia, donde se muestra cómo las corporaciones policiacas localizan a los usuarios de teléfonos, intervienen sus conversaciones, se meten en su intimidad y acaban por controlar todos sus actos.
De acuerdo con la versión oficial, esa CURP será obligatoria para realizar cualquier trámite tanto en oficinas gubernamentales como en bancos y otras empresas privadas. Como el actual gobierno ignora por qué y cómo se constituyeron los organismos autónomos que ahora se dedica a destruir, es de temerse que el siguiente paso sea suprimir el Instituto Nacional Electoral y reintegrar a la Secretaría de Gobernación los procesos electorales de orden federal, todo con el pretexto de ahorrarse unos centavos y así controlar las votaciones y sus resultados, lo que les ganará el aplauso de Manuel Bartlett, experto en estos enjuagues.
Los que saben de leyes ya empezaron a señalar las múltiples contradicciones de la legislación morenista, como, por ejemplo, aprobar que todo mundo deberá tener su CURP biométrica en tres meses, cuando ni siquiera saben cómo podrá hacerlo un gobierno sumido en la indigencia.
Esta canallada legislativa se suma a la demolición del sistema judicial, a la militarización del país, el servilismo ante la potencia del norte y la operación política que realiza el nuevo jefe máximo desde La Chingada. La primera víctima es la sociedad mexicana, pero nadie se extrañe si de paso vemos pronto un cambio de gobierno, pues todo ha de hacerse como dice ese señor, aunque eso estimule a los morenistas que no quieren a Claudia Sheinbaum.
