La cobardía tiene víctima: Lucía Méndez
Hay cosas que un periodista de espectáculos ve, escucha y calla por respeto, por ética y porque en este medio, aunque no lo parezca, también hay códigos. Pero hay personajes que cruzan la línea de la decencia, la caballerosidad y hasta del sentido común. Hoy voy a ...

Gustavo A Infante
Última Palabra
Hay cosas que un periodista de espectáculos ve, escucha y calla por respeto, por ética y porque en este medio, aunque no lo parezca, también hay códigos. Pero hay personajes que cruzan la línea de la decencia, la caballerosidad y hasta del sentido común. Hoy voy a hablar de uno: Javi Domz, exasistente de Lucía Méndez, quien decidió convertirse en protagonista de un capítulo bochornoso y de muy mal gusto. Resulta que este sujeto, sin oficio ni beneficio más que vivir de la fama ajena, filtró confidencias en un programa de YouTube conducido por un periodista argentino.
Ahí, con una irresponsabilidad total, se dedicó a soltar “información” que, además de cuestionable, raya en la bajeza. El chisme —porque eso es— consiste en que, supuestamente, Lucía Méndez habría vivido una relación íntima con Antonio Pérez Garibay, padre del expiloto de Fórmula 1 Sergio Checo Pérez. Y que, según su lengua viperina, esa relación habría terminado en un episodio que no vale la pena repetir, pero que insinúa un daño físico. Como si no fuera suficiente, en una fiesta, este mismo Javi Domz se dio el lujo de mostrar en su celular supuestas fotografías del tema, enseñándoselas a más de un curioso.
Eso, señores, no es valentía ni honestidad: es cobardía pura. Cobardía de quien usa el honor y la intimidad de una mujer para ganar dos minutos de atención. ¿La tuvo o no la tuvo con Pérez Garibay? Francamente, eso es irrelevante. Lo que importa es que no hay justificación para ventilar la vida privada de nadie de una manera tan vulgar, menos aún si se trata de alguien a quien alguna vez le diste tu confianza. En este medio uno aprende a diferenciar entre informar y destruir.
Entre una exclusiva y una injuria. Y lo que hizo este sujeto no es periodismo ni testimonio ni defensa: es una traición con olor a oportunismo. La fama prestada es peligrosa, porque algunos creen que estar cerca de una estrella les da derecho a hablar por ella, a usar su nombre como moneda de cambio para pagar la entrada a un micrófono o una copa.
Pero no, señor Domz, lo que usted hizo no lo hace más relevante, lo deja en evidencia como un personaje sin palabra ni honor. Y así, entre el morbo y el escándalo barato, queda demostrado que la peor prensa no siempre viene de un periodista, sino que a veces viene de quienes nunca tuvieron el valor de brillar por sí mismos.