Itatí, Preciado y la torpeza de La cotorrisa: talento, trayectoria y un jalón de orejas necesario
Hay semanas en el espectáculo que son un sube y baja emocional, y ésta, particularmente, me dejó tres reflexiones muy claras: el talento siempre prevalece, las leyendas nunca se apagan… y el respeto a los medios no es opcional.
ITATÍ CANTORAL: LA CAMPEONA DEL CAMBIO
Si hay una actriz que no le teme a nada, que se avienta al vacío sin red y que se transforma ante nuestros ojos con la naturalidad de quien respira, ésa es Itatí Cantoral. No cualquiera puede presumir un rango tan amplio donde conviven una villana histórica, una vedette, un personaje masculino, una serie internacional y ahora un papel cómico-musical en uno de los montajes más queridos del país. En Mentiras, el Musical, Itatí interpreta a Lupita, personaje que exige ritmo, canto, comedia, energía y una entrega emocional total. Y ahí está ella, dominando cada nota, cada remate, cada movimiento, cada aplauso. La comedia musical es de los géneros más ingratos: si te distraes, te quedas atrás; si cantas mal, te hundes; si no conectas, te borran. Pero Itatí no sólo cumple, arrastra. Su presencia escénica impone una categoría superior, de esas que se sienten desde la butaca. Además, Itatí recupera con humor y cariño aquel momento viral que quedó marcado en la cultura pop: su interpretación de La Guadalupana en Imagen Televisión. Pocos artistas pueden reírse de sí mismos, apropiarse del chiste y convertirlo en triunfo. Ella lo hace y el público lo celebra. Es una actriz completa —cómica, dramática, musical— a un nivel que pocas veces se ve en el teatro contemporáneo.
JULIO PRECIADO, EL ÍDOLO QUE NO SABE DECIR ADIÓS
Si de figuras queridas hablamos, esta semana viví un momento especial con Julio Preciado en el aniversario del Tenampa, ese templo sagrado donde México canta sus penas y celebra sus alegrías. Julio subió al escenario con fuerza, sentimiento y esa voz que ya es parte de nuestro ADN musical. Y en una conversación franca, sin poses, me soltó una exclusiva: Va a grabar un dueto con Natalia Jiménez. Eso no es cualquier cosa. Natalia es una de las voces más potentes del mercado hispano y Julio es historia viva del regional. El dueto promete convertirse en un clásico inmediato. Pero lo que más llamó mi atención fue otra cosa: la gente no lo dejaba bajarse del escenario, y El Pulga, su representante, tampoco quería que terminara. Yo conozco a Julio, cuando el público lo abraza, él rejuvenece. Por eso le pregunté directamente, como debe ser si ya se echó para atrás en su retiro. Y él, con honestidad total, me respondió: —No, Gustavo. Mi retiro sigue. Pero mientras mi público me quiera… aquí voy a estar. Esa frase lo define. Julio está en un momento de gratitud, de madurez, de entrega sincera. Canta porque quiere, porque puede, porque está vivo para hacerlo. Y nosotros, los espectadores, estamos para agradecerlo.
LA COTORRISA: APOYOS MAL ENTENDIDOS Y RESPETOS QUE SE EXIGEN
Y ahora vamos al punto más incómodo —pero necesario— de la semana. La cotorrisa, uno de los programas digitales más populares del país, decidió —según ellos— apoyar a Susana Zabaleta y burlarse de los medios tradicionales, acusándonos de exagerados, dramáticos o anticuados. Hasta ahí, uno diría: bueno, cada quien su humor, cada quien su enfoque. Pero no. Fueron más allá. Contrataron a Guillermo Pous, abogado que se ha convertido, tristemente, en una figura recurrente para intimidar, amenazar o amagar a comunicadores y periodistas bajo la bandera del derecho de imagen. Un abogado que se la vive mandando recaditos, advertencias y comunicados que, en muchos casos, rayan más en el amedrentamiento que en la defensa legítima. ¿Y por qué lo hicieron? Supuestamente para “respaldar” a Susana y dar un mensaje de fuerza. Lo que dieron fue un mensaje de torpeza monumental. Porque una cosa es reírse, hacer comedia, jugar con los límites, buscar views, alimentar el algoritmo. Y otra, muy distinta, es convertirse en verdugos de los mismos medios que, durante años, los mencionaron, los entrevistaron, los proyectaron y los impulsaron cuando eran desconocidos. A ver, seamos claros: los medios tradicionales no somos perfectos. Cometemos errores. Podemos debatir, discutir, discrepar. Pero plantarse desde la soberbia, contratar abogados para amedrentar a la prensa y hacer chistes de “a ver quién se atreve a hablar de nosotros”, es una falta de respeto absoluta para quienes llevamos décadas trabajando, informando y dando la cara. Yo lo digo con todas sus letras: La cotorrisa debería ofrecer una disculpa pública. Primero eso. Después vemos. Porque esto no va de chistes. No va de tendencias. No va de quedar bien con una influencer. Va de respeto. Y el respeto se gana, no se supone.
UN CIERRE QUE LO DICE TODO
Entre Itatí levantando el teatro con talento real, Julio Preciado cantando con el alma y un grupo digital demostrando que la fama sin criterio es peligrosa, esta semana nos deja una reflexión muy simple: El escenario habla. El público decide. Y el respeto no es negociable. Itatí deslumbra. Julio conmueve. La cotorrisa se equivoca. Así está el entretenimiento mexicano hoy: entre luces, voces y un necesario recordatorio de que no todo se vale… aunque haya likes de por medio.
