Isabel Madow desnuda su alma… y Ricardo Pérez se pelea con todos

Este sábado a las 8 de la noche, en Imagen Televisión, tengo el privilegio de presentarles una entrevista que, se los aseguro, no los dejará indiferentes. Isabel Madow llega a El minuto que cambió mi destino sin máscaras, sin poses y, sobre todo, sin censura. Muchos la ...

Este sábado a las 8 de la noche, en Imagen Televisión, tengo el privilegio de presentarles una entrevista que, se los aseguro, no los dejará indiferentes. Isabel Madow llega a El minuto que cambió mi destino sin máscaras, sin poses y, sobre todo, sin censura. Muchos la recordarán por su impactante belleza, por su paso en la televisión y por esas apariciones que la colocaron en el ojo público. Pero detrás de la mujer guapa y glamourosa, hay una historia de dolor, lucha y resiliencia que muy pocos conocen.

En la charla, Isabel me abrió su corazón como nunca antes. Me habló del golpe más duro de su vida: la muerte de su hermana, un vacío imposible de llenar y una herida que, aunque el tiempo intenta cicatrizar, sigue presente todos los días. Con la voz entrecortada, me confesó que hubo noches en las que sintió que no podría salir adelante, que la vida le había arrebatado demasiado. Y, sin embargo, ahí está, entera, fuerte y con la valentía de hablar de aquello que muchos preferirían callar.

Pero no todo ha sido dolor en la vida de Isabel. También me compartió los momentos de luz, como el nacimiento de su hijo, el motor que le dio sentido a su existencia. Ser madre la transformó. “Todo cambia cuando escuchas ese primer llanto”, me dijo con lágrimas de felicidad.

Sin embargo, esa etapa vino acompañada de un serio problema de salud: la preeclampsia. Producto de esa complicación, Isabel llegó a subir 30 kilos. Y con esa subida, vinieron las miradas críticas, los juicios injustos de quienes creen que la belleza es sinónimo de perfección inalcanzable.

Ella me contó, con crudeza, lo que significó enfrentarse al espejo y no reconocerse, cómo debió luchar contra la depresión, contra el dolor físico y, sobre todo, contra la exigencia de un medio cruel que no perdona los cambios. “Me tocó llorar sola, pero aprendí a levantarme”, aseguró. Ésa es la esencia de El minuto que cambió mi destino: descubrir a la mujer detrás del personaje. Y este sábado, créanme, Isabel Madow se muestra como nunca antes.

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RICARDO PÉREZ: PLEITO CON LA PRENSA Y SUSANA ZABALETA

Ahora bien, vayamos al segundo tema que nos sacudió esta semana. Ricardo Pérez, uno de los conductores de La Cotorrisa, protagonizó un episodio lamentable con la prensa durante una llegada al aeropuerto con su novia Susana Zabaleta.

Para quienes no lo sepan, Susana es una de las artistas que mejor relación ha mantenido con los medios. Cercana, chistosa, talentosa y con un carisma innegable. Sin embargo, en esta ocasión, su acompañante brilló, pero por la soberbia. Ricardo decidió pelearse con toda la prensa de espectáculos, alegando que lo habían pisado.

Imagínense nada más: en lugar de mediar o buscar un diálogo, reaccionó con prepotencia, dejando a Susana en una posición incómoda. Y lo peor vino después. Él y su compañero —porque La cotorrisa es un dúo— no tuvieron empacho en insultar de la peor manera a quienes nos dedicamos profesionalmente a cubrir el mundo del entretenimiento.

Palabras ofensivas, burlas y una actitud de desprecio que revela, más que seguridad, una profunda falta de respeto hacia un gremio que cumple con informar, cuestionar y, sí, también incomodar cuando es necesario. No se trata de un berrinche pasajero: este tipo de actitudes son las que dividen y enrarecen el ambiente artístico. Porque si alguien como Susana Zabaleta, que siempre ha abierto las puertas de su casa y de su corazón a la prensa, se ve afectada por los desplantes de un acompañante, estamos hablando de una falta grave.

Ricardo y su socio podrán llenar teatros con sus shows de comedia, podrán presumir millones de seguidores en redes sociales, pero lo que nunca podrán comprar es el respeto. Y eso se gana con humildad, con educación y con un mínimo de gratitud hacia los medios que, queramos o no, son parte esencial en la construcción de cualquier carrera pública.

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SENSIBILIDAD Y SOBERBIA

Así que, queridos lectores, este fin de semana tenemos dos caras de la moneda. Por un lado, la sensibilidad y valentía de Isabel Madow, que se abre en canal para compartirnos sus dolores y alegrías. Y por el otro, la soberbia de Ricardo Pérez, que cree que insultar y despreciar a la prensa es un acto de valentía, cuando en realidad es sólo un desplante de inmadurez.

Los invito a no perderse El minuto que cambió mi destino este sábado a las 8 de la noche, porque entrevistas como la de Isabel Madow nos recuerdan que detrás de las luces y las cámaras, hay seres humanos que sufren, ríen y, sobre todo, luchan por levantarse cada día.

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